Weltschmerz, el espejismo de la literatura infantil ecuatoriana

Este artículo fue originalmente publicado en el N° 188 de la revista CartóNPiedra

Por Andrea Torres Armas, correctora de textos y poeta.

Jimmy Liao (2008). 'Esconderse en un lugar del mundo'.

Jimmy Liao (2008). ‘Esconderse en un lugar del mundo’.

Supongamos que hay un espacio en blanco, un cuarto vacío, entra en él un ser X con unos requerimientos determinados que se hacen visibles según su antojadiza voluntad. Aparecen entonces una mesa con un tablero inclinado, una lámpara, reglas, escuadras, lápices, quizá una computadora, no, mejor, una supercomputadora y una silla muy cómoda. X quisiera algo de decoración en las paredes, pero se decanta por el blanco —¿vacío?—, eso le da la posibilidad de poner lo que él/ella/eso quiera donde se le antoje, después.

¿Se imaginó usted en algún momento que la mesa podía ocupar un lugar en una de las paredes laterales de manera que quede en posición perpendicular, o que la lámpara sirve para volver oscuro el entorno, no iluminarlo? ¿Qué pasaría si en la habitación no existe un piso, o donde se supone que debe estar el cielorraso hay una bóveda, si las escuadras, esas herramientas de usos limitados, sirvieran con propósitos distintos a los que usted conoce?

Ahora imagine que entra en una casa llena de cuartos, todos idénticos, vacíos y listos para adecuarse a los requerimientos de quien los ocupa. Suponga también que lo que sucede en uno de estos no pasa en el otro; agreguemos otra variable: X es arquitecto, un dios, por decir algo; lo que sea que X quiera se hace, según sus normas y antojos.

Hagamos otro ejercicio: regrese en el tiempo y piense en el primer libro que leyó en su infancia, mejor aún, piense en el último libro que leyó que lo haya hecho sentir como si fuera una niño, ese que le dio la posibilidad de pensar que las vacas eran verdes sin que importe la negación impetuosa de cualquier profesora que dice que no, que las vacas son blancas, y el colorido, un disparate; piense en lo fácil que se le hizo pensar en un universo donde todo era posible, uno en el que los esquemas de lo que pasa “porque así es el mundo”, se trastocan.

X, para los fines que nos atañen, es un escritor. Y usted, lector, un demiurgo, un cómplice.

La música, el Nautilus y los Multiversos

It begins, as most things begin, with a song.

In the beginning, after all, were the words, and they came with a tune. That was how the world was made, how the void was divided, how the land and the stars and the dreams and the little gods and the animals, how all of them came into the word.

They were sung(1).

 (Gaiman, 2005, p. 1-2)

En este principio no fue el verbo el nudo primigenio, sino el sonido lo que permitió la creación y la existencia. “Hacíamos música antes de conocer el fuego”, dice una canción, pero en este particular universo que nos propone Neil Gaiman fuimos hechos de la música, por la música. Esta novela será la primera puerta que escojamos de los cuartos de la casa vacía. En este cuarto, en el que música y creación son lo mismo, se aplican unas leyes de existencia distintas: una sola persona puede ser dos simultáneamente, caminan ente nosotros dioses americanos anteriores al canto; y la muerte, esa es también simultánea (aquí, en la paradoja de Schrödinger, el gato está vivo y muerto).

Igual que la idea de cuarto/habitación está contenida en la idea casa, así mismo los mundos literarios están inmersos en el concepto de universo literario, que no es otra cosa que un sistema de ideas, conceptos y representaciones sobre la materia circundante, abarca el conjunto de todas las concepciones sobre la realidad en torno a concepciones filosóficas, políticas, sociales, éticas, estéticas, y las leyes naturales que la rigen(2). Ahora, piense que así como tenemos una casa llena de cuartos, que es nuestro universo, existe una casa adosada (idéntica a la primera) de la que muchas veces no tenemos noción. A esta teoría, según la que existen varios universos simultáneos, los científicos la han denominado de los Multiversos. Según esta, cada uno de los mundos constituye un sistema de realidad diferente. La literatura fantástica, la ciencia ficción, el cómic y la literatura infantil son, probablemente, los géneros literarios que más han explorado esta teoría; de igual manera, son también quizá los que se han constituido así mismos como multiversos.

Cuando era niña estaba convencida de que necesitaba tener la biblioteca del capitán Nemo, y que el Nautilus entero podía caber en mi habitación, que eso sucediera en la vida real no me parecía improbable —aunque claro, ni la palabra ni la noción ‘improbale’ existían—. Si el submarino, para cuando Verne lo describió no se había inventado —según me dijo entonces mi papá—, la dilatación del espacio físico para que el gigantesco Nautilus cupiera en mi cuartito estaba también por inventarse. Un libro me había enseñado que la realidad estaba por suceder (ser en acto y ser en potencia, para ponernos tomistas o aristotélicos).

Para un asiduo lector de literatura infantil, literatura fantástica y de ciencia ficción, los libros para niños suelen ser una gran posibilidad de acceso a mundos diversos, pero, sobre todo, la plataforma para ser X, el creador, y por supuesto, su propia versión de Shiva, el dios destructor de lo creado —eso incluye los propios esquemas mentales—.

Salvo las recientes publicaciones de Ciudad diamantina: El tatuador de Andrés Paredes (ganador del Premio Darío Guevara Mayorga 2014) y Para guardarlo en secreto, de Carlos Arcos Cabrera —ambos dirigidos más hacia un público juvenil que infantil— es posible que la literatura ecuatoriana de los últimos años no haya apoyado a los niños en ser creadores y espectadores de universos probables.

Es cierto que actualmente la literatura infantil ecuatoriana atraviesa un gran momento, un denominado boom, y que hay iniciativas que promueven la lectura desde temprana edad. Ciertamente, mientras antes adquiera una persona el hábito lector, mayores probabilidades hay de que esta se convierta en un adulto lector. De igual manera, es acertado decir que mientras más variadas sean las lecturas y mayor cantidad de temas abarquen, más amplios se vuelven los criterios con los que ese lector se desenvuelve y mayores serán los parámetros de comparación que tenga para escoger nuevas lecturas.

Continuamente se ha caído en el error de pensar que presentar temas a un público infantil de manera fácil y comprensible es volver simplón a un tema, se usa para ello un lenguaje edulcorado, que lejos de ser una oportunidad se constituye como una zona de confort que es difícil abandonar.

Si bien hay autores ecuatorianos ya consagrados cuya calidad creadora es indiscutible, también vemos que hay un continuo aparecimiento de literatura infantil que hace que nos cuestionemos si su éxito de ventas se debe a su gran contenido o a un muy buen marketing.

¿Cuál es el papel de la literatura dirigida al público infantil? ¿Cómo un libro que subestima a sus lectores puede ayudar a facilitar los procesos cognitivos? ¿Qué función social cumple la literatura infantil, cuando no aporta y solo ‘entretiene’?

Weltschmerz, la magia y la creación

Giorgio Agamben, en Profanaciones(3), nos recuerda que Walter Benjamin dijo una vez que la primera experiencia que el niño tiene del mundo no es que “los adultos son más fuertes, sino su incapacidad de hacer magia” (Agamben, 2005: p. 21).

¿Ha sentido alguna vez cierta desazón porque las expectativas que tiene sobre el mundo son distintas a la realidad? Recuerde que quizá, en su infancia, tuvo ganas de volar como alguno de sus superhéroes favoritos y no logró pasar del tercer escalón sin que la implacable gravedad lo sorprendiera, o que ha querido siempre entender lo que las aves dicen, como si le hablaran, cuando solo escucha trinos.

Es probable, dice Agamben, que “la invencible tristeza en la cual se sumergen cada tanto los niños provenga precisamente de esa conciencia de no ser capaces de hacer magia” (2005, p. 21). Digamos, entonces, que por fines prácticos llamaremos a esta tristeza, weltschmerz —que sería la desilusión que experimentan los niños cuando encuentran que el mundo que quisieran, el universo que construyen, no se adapta a la realidad en la que viven—. Pero ¿qué pasa cuando parte de lo que podría ayudar a los niños a crear los universos que desean —lo que leen, en este caso— les presenta algo que es incluso menor que sus propias expectativas, cuando lo que leen no crea ni universos ni sentidos ni posibilidades, sino que los adapta, adoctrina, limita? O peor aún, ¿qué pasa si lo que los libros ofrecen son pastiches de todo lo fantástico-mágico-colorido-surreal-disparatado-tierno porque eso es para niños?

Sin buena literatura, ha muerto la magia.

Matty Rodgers (2009). 'Kidzilla'.

Matty Rodgers (2009). ‘Kidzilla’.

Notas:

1.- Gaiman, Neil (2005). Anansy Boys. Nueva York: Harper Collins.

“Comienza, como comienzan la mayoría de las cosas: con una canción./ En el principio, después de todo, fueron las palabras, y vinieron con una melodía. Así fue como se hizo el mundo, cómo se dividió el vacío, cómo la tierra y las estrellas y los sueños y los pequeños dioses y los animales, cómo todos ellos vinieron al mundo./ Fueron cantados. Traducción propia.

2.- Rosental, M. y Iudin, P. (1965). Diccionario soviético de filosofía, en Rodríguez, Nelson. Universo literario: mundos y aldeas literarias, retos y desafíos en el siglo XXI.

3.- Agamben, Giorgio (2005). Profanaciones. Buenos Aires: Adriana Hidalgo.

4.- ‘Weltschmerz’ es, precisamente, un término acuñado por el autor alemán Jean Paul (Johann Paul Friedrich Richter, 1763-1825) para expresar la sensación que una persona experimenta al entender que el mundo físico real nunca podrá equipararse al mundo deseado como uno lo imagina.

TOLKIEN ¿INSPIRADOR METALERO?

Dice mi amigo el gato que los blogs son para presumir de amigos y, con amigos como los que tenemos, la tarea queda muy fácil.  Sea esta la oportunidad para presentar a uno de los míos: Antonio Gonzáles Arteaga,el Doctor Metal, un hombre que dice cosas muy interesantes y –dicho sea de paso–, lo dice con una de las mejores voces que haya escuchado.
Heavy metal, orcos, lenguas nuevas, Tierra Media, spikes, geeks… ¿Qué hay en común entre todas cosas en apariencia tan disímiles? Pues lean lo que Antonio dice.

 

J.R.R. TOLKIEN ¿INSPIRADOR METALERO?

de Antonio Gonzalez Arteaga, el jueves, 02 de junio de 2011 a las 16:32

“El mundo se divide entre aquellos que han leído El Hobbit y El Señor de los Anillos y aquellos que están a punto de leerlos”; aventurada afirmación del Sunday Times, que tal vez sería más cierta si en el mundo se contaran más aficionados a la lectura. Sin embargo, y en buena medida gracias a las adaptaciones cinematográficas de El Señor de los Anillos, es imposible negar la relevancia e influencia de la obra de J.R.R. Tolkien.

Un universo completo, desde la creación del mismo por su deidad ficticia Eru Ilúvatar, hasta el árbol genealógico del último de sus personajes, por mencionar un par de ejemplos, constituyen en buena medida el legado de Tolkien, mas no termina ahí; historia, geografía e idiomas enteros, complejos y provistos de su propia gramática, escritura, fonética, etc. etc. etc., forman parte de esta vasta mitología engendrada no por una civilización, sino por un hombre.

Es tal vez esta afición casi patológica por el detalle, lo que atrae a muchos y posiblemente ahuyenta a muchos más, o tal vez es el hecho de tomar el más “simple” de los conceptos, el bien contra el mal, polarizarlo de manera surrealista y de alguna forma crear una fantasía que se siente posible, casi tangible, real.

Pero me desvío del tema que me convoca… El metal. Los seguidores incondicionales de la obra de Tolkien, caen por tradición en uno de los estereotipos favoritos de nuestra era, los nerds, o geeks, o como quieran decirles, o decirnos. Lentes gruesos y brazos delgados, y fantasías de heroísmo y nobleza en un ambiente de magia medieval. Mas existe algo que pocos conocen. Cabellos largos, chaquetas de cuero negro con púas metálicas y camisetas de semidioses modernos como Ozzy Osbourne y Judas Priest, parecen ser frecuentes en las filas de los ejércitos de la Tierra Media (el continente ficticio donde se desarrollan las historias de Tolkien).

Desde menciones breves, como el título de la canción Symblemÿne (una flor de la Tierra Media) de la banda de metal gótico Tristania, hasta discos conceptuales enteros, como Nightfall in Middle Earth de los power metaleros Blind Guardian, pasando por las bandas que toman su nombre de algún lugar, objeto o personaje del mundo de Tokien, su influencia sobre el metal underground es casi tan extensa como su obra misma. La banda pionera de este matrimonio de hobbits, elfos y guitarras eléctricas fue tal vez Led Zeppelin (como si no hubiese sido pionera ya de suficientes cosas), con canciones como The Battle of Evermore, de 1971.

Pero en realidad, para aquel que esté familiarizado con la estridente música “joven” de las últimas 4 décadas, y que por supuesto sabe que aborda mucho más que sexo, drogas y satanismo, esta fusión puede no ser tan sorprendente, especialmente si se pone en consideración uno de los muchos subgéneros del metal, el power metal. Mientras el thrash suele centrarse en la política y la crítica social, el death en la muerte y la violencia, y el heavy… en el heavy (y muchas otras cosas importantes como filosofía, historia, motocicletas y chicas), el power metal es tal vez el más geek de los metales. Guerreros, espadas, hechiceros, princesas, y todo lo que se puede poner en un tablero de Calabozos y Dragones (excepto los dados) son elementos recurrentes en este subgénero, sobre todo en su encarnación europea. Dicho sea de paso, es también este subgénero el más alegre y positivo (algunos dirán cursi) de todos los que se gritan, moshean y headbangean. Sorprende entonces menos aún la mentada fusión, ya que a pesar de los muchos sentimientos explorados por Tolkien en sus relatos, la atmósfera de los mismos es en general más esperanzadora que devastadora, y siempre del lado del bien.

Dicho esto, analicemos un fenómeno más peculiar. En craso contraste con su jovial pariente arriba mencionado, otro subgénero del metal transita caminos mucho más obscuros, en teoría, y en reducidas ocasiones también en la práctica (sobre todo en Noruega). El black metal, se precia de ser verdaderamente maligno. Cruces invertidas, pentagramas y la imagen tradicional del “diablo” con cuernos, tridente y patas de cabra, derivada de dioses de otras religiones antiguas, son tan frecuentes en las portadas de sus discos, como la pornografía en las de los discos piratas de música bailable. La vestimenta característica negra y con púas, y maquillaje blanco y negro para emular la muerte (aunque terminen pareciendo miembros de Kiss, pero al glam no lo analizaré aquí), son también íconos del black, al igual desde luego que las letras y la música que acompañan dicha imagen. Diré también que existen bandas en este subgénero, que más que centrarse en el mal per se, lo hacen en la concepción filosófica de la rebeldía contra la dominación político-religiosa de los sistemas vigentes, y se esté o no de acuerdo con su tajante crítica a la burguesía cristiana, son mucho más profundas líricamente de lo que puede parecer en principio, para lo cual con frecuencia toman como referentes o inspiración los trabajos de autores “apropiados”, como Aleister Crowley, Anton LaVey, Nietzsche, y en ocasiones la Biblia misma. Sin embargo, parece haber otra lectura obligatoria si uno quiere hacer black metal, ¿lo adivinas? Pues sí, Tolkien.

Habiendo sido un católico casi ejemplar, (y digo casi, porque si bien muchos miembros de la comunidad católica han elogiado su obra, otros tantos la han criticado duramente a causa de los elementos mágicos y sobrenaturales presentes en ella) es difícil imaginar la reacción que hubiese tenido el buen Tolkien al ver una horda de bandas como arriba se describen, haciendo extenso uso de nombres y hechos por él concebidos.

Recientemente liberado de la cárcel, el noruego Varg Vikernes de la banda de black metal Burzum, es también conocido como “Count Grishnak” siendo Grishnak el nombre de un general orco (raza malévola de la Tierra Media) en El Señor de los Anillos. Igualmente encarcelado en algún momento, el también noruego vocalista conocido como Gaahl (hay más de un patrón aquí) fue miembro prominente de la banda de black Gorgoroth (un devastado y estéril campo en Mordor, el imperio maligno de la Tierra Media).Y los nombres y las referencias continúan por montones:Morgoth, Minas Morgul, Sauron, Angrenost, Nazgul y Balrog, son tan sólo algunas de las bandas cuyo nombre deriva de El Señor de los Anillos, El Hobbit o El Silmarillon. Claro que dichos nombres en el caso del black metal parecen siempre provenir de las regiones más obscuras y siniestras de la Tierra Media, o en otras palabras, de la mente de Tolkien. Por supuesto, sería verdaderamente extraño encontrar una banda de black que se llame “Frodo Bolsón”.

Si bien es en el power y el black donde con más frecuencia se ve la influencia que pongo de manifiesto, los otros “metales” no están exentos de la misma. Ejemplos están en la banda española de folk metal Saurom Lamderth, en los góticos eslovacos Galadriel, en los heavy metaleros épicos Cirith Ungol, en los progresivos italianos Ephel Duath, e inclusive los más prominentes representantes del death metal vikingo, los suecos Amon Amarth toman su nombre de la “mitología tolkieniana”.

Y así podría seguir sin terminar jamás, ya que esta corriente parece no morir, como tampoco muere el metal, a pesar de su diezmado éxito comercial en contraste con otras décadas.

Lo haya querido o no, Tolkien ha tocado con su universo imaginario a infinidad de personas, incluyendo artistas de todas las ramas, y esta influencia ha llegado también a un género musical tan amado por unos e incomprendido por otros, como su obra misma.

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Pueden conocer a Antonio en Planeta Letra en Prohibido Prohibir los días lunes y miércoles a las 10 pm por Radio Pública. Ahora los invito a un viaje musical a través de la Tierra Media.