Las lenguas en Ecuador, entre la vitalidad y la vulnerabilidad

La semana pasada, el 21 de febrero, se conmemoró el Día Internacional de la Lengua Materna. La Unesco instauró este recordatorio hace 17 años, en memoria de 2 estudiantes universitarios asesinados a manos de la Policía durante la marcha del Movimiento por la Lengua en Bangladesh (antes llamado Pakistán Oriental), en 1952.

El Movimiento por la Lengua Bengalí surgió por la búsqueda del reconocimiento de este idioma como lengua oficial de Pakistán. Este acto de intolerancia hacia una lengua distinta de la dominante (el urdu) fue tomado como punto de partida para un homenaje que pretende promover la diversidad lingüística y cultural.

“En un sistema que no permite la existencia de otros modos de vida, el ejercicio de las lenguas no hegemónicas se convierte, de un acto de dignidad y autonomía, en un acto político revolucionario”, dice Sol Aréchiga Mantilla, traductora y lingüista mexicana.

Mapamundi caleidoscopio

Lenguas en el mundo

De acuerdo con la vigésima edición de Ethnologue: Languages of the World del Instituto Lingüístico de Verano, actualmente se estima que alrededor del mundo se hablan 7.000 idiomas (a 2016 la publicación listaba 7.099). La mayor riqueza lingüística se concentra en Asia, con el 32 % de las lenguas del mundo; le sigue África con el 30 %; América, 19 %; Oceanía, 15 % y, finalmente, Europa que con 3 % es el continente con menos diversidad. Papúa Nueva Guinea, en Oceanía —con aproximadamente 3,9 millones de habitantes— cuenta con la mayor cantidad de idiomas diferentes: 830.

Se considera que para que una lengua pueda sobrevivir al paso del tiempo necesita una base de, al menos, 100.000 hablantes. En la actualidad solo 600 lenguas cumplen este requisito. De ellas, entre 150 y 200 tienen cerca de un millón de hablantes. De acuerdo con el portal Infobae los idiomas con el mayor número de hablantes nativos son el chino mandarín, lengua materna de más de 1.000 millones de personas; el indostánico, también conocido como hindustaní —que más que un idioma unificado es un conjunto de dialectos que se hablan en la India y parte de Asia (incluye al hindi y el urdu, idiomas oficiales de la India y Pakistán, respectivamente)—, con 570 millones de personas nativas; en tercer lugar se encuentra el español con 330 millones de hablantes nativos; sigue el inglés con 328 millones, y el árabe, lengua materna de 232 millones de personas.

Las lenguas como forma de comprender el entorno

En el país se encuentran 13 nacionalidades y 10 pueblos indígenas. Cada uno de ellos mantiene su lengua y cultura propias. Desde 2008, la Constitución reconoce al español como idioma oficial, al kichwa y al shuar como lenguas de comunicación intercultural y al resto de las lenguas de las nacionalidades indígenas como de uso oficial en cada una de sus jurisdicciones. La normativa promueve su uso y respeto.

Según Marleen Haboud, directora del proyecto Oralidad Modernidad de la PUCE, Ecuador es un país multiétnico, multilingüe y multicultural en el que existen al menos 10 lenguas indígenas aún vitales; es decir que cuentan con un número representativo de hablantes que las usan en diferentes espacios sociocomunicativos, pero todas enfrentan algún nivel de vulnerabilidad.

En la Costa se encuentran el tsa’fiki (de la nacionalidad Tsáchila), el cha’palaa (Chachi) y el awapit (Awá) de la familia lingüística Barbacoa; también está el sia pedee, de los Épera o Embera, pero es una lengua en riesgo. En la región andina predomina el uso del kichwa o runa shimi, de la familia macro-Quechua, que presenta variaciones dependiendo del pueblo en que se habla.

En la región amazónica se asientan lenguas de las familias lingüísticas más importantes de América del Sur; así, entre los idiomas de la familia Jivaroana están el shuar chicham, el achuar chicham y el shiwiar chicham, de las nacionalidades Achuar Shuar y Shiwiar, respectivamente. Las 2 primeras son vitales, mientras que el shiwiar tiene menor número de hablantes. Además, están representadas las familias Tucano occidental con el paikoka/baikoka de los Siona-Secoya; la familia Zaparoana con las lenguas zápara y andoa, esta última extinta. Las lenguas a’ingae (nacionalidad A’i Cofán) y waotededo (Waorani) no tienen filiación lingüística reconocida.

Mapa de lenguas indígenas del Ecuador

“La lengua es, sobre todo, una forma de ver y comprender el mundo”, dice Oswaldo Encalada Vásquez, filólogo y docente. Es a través del dominio de la lengua materna que se adquieren las habilidades básicas de lectura, escritura y aritmética, pero además, las  minoritarias e indígenas transmiten culturas, valores y conocimientos tradicionales únicos y desempeñan un papel importante en la promoción de los futuros sostenibles. Por ello es que se busca su inclusión en entornos digitales y el mundo de internet.

La preservación de la lengua materna es esencial para garantizar que todas las poblaciones logren un acceso real a una educación de calidad. Distintos organismos internacionales buscan concienciar a la población sobre la eliminación de las diferencias lingüísticas que solo generan límites para las poblaciones minoritarias.

Jhony Calazacón, tsáchila, dice: “Miranun fi’ki piyapulenan junte jera inojoe miranun, juntechi kiran tsajoe yape in miranunka panshi tu’chun” (La desaparición de una lengua implica una pérdida importantísima e irrecuperable de conocimientos. Cada lengua es un inventario del mundo). “Nukanchik shimi chinkarikpika ñukanchikpish chinkarishunmi”, dice Rosa Guamán, kichwa del Cañar; es decir: “si desaparece la lengua, desaparecemos también nosotros”.

Datos

  • Los 10 idiomas más hablados en el mundo son: el chino mandarín, el indostánico, el español, el inglés, el árabe, el portugués, el bengalí, el ruso, el japonés y el panyabí.
  • En el internet los idiomas más utilizados son el inglés, el chino, el español, el árabe, el portugués, el japonés, el ruso, el alemán, el francés y el malayo.
  • Hay 3 lenguas en el mundo registradas con un solo hablante: el taushiro, de la etnia Pinchi del Perú; el kaixana, del pueblo homónimo del Brasil y el tanema, de la isla Vanikoro en islas Salomón.
  • Para que una lengua se considere vital no solo es necesario que cuente con un gran número de hablantes, sino que esta se utilice en el mayor número de espacios sociocomunicativos.
  • En Ecuador la lengua con más vitalidad es el kichwa que tiene presencia en las 4 regiones.
  • En el mundo se hablan 7.099 idiomas.
  • En el país, el tetete y el andoa están extintos.

Este texto fue publicado originalmente en Diario El Telégrafo. Agradezco los insumos y comentarios de amigas y lingüistas como Sol Aréchiga Mantilla y Ellen Rose Campbell. 

Señoras y señores: de la consciencia lingüística a militar la palabra

En los últimos años hemos presenciado infinidad de debates (aunque aún no los suficientes) respecto al uso del lenguaje inclusivo frente al masculino genérico. Las posturas han sido diversas y se han centrado, desde el lado de los especialistas en cuestiones de la lengua, filólogos y académicos en su mayoría, en una defensa de la norma. El lenguaje no es sexista —se dice—, sino su uso. Se nos recuerda no confundir invisibilidad femenina con el predominio del masculino en el género gramatical. También hay una facción que nos dice cada tanto que verdaderamente inclusivo es aprender lenguaje de señas y no eso de protestar por si se puede o no flexionar en femenino determinadas profesiones.

Frente al uso del masculino genérico tengo dos posturas: por un lado, como correctora de textos tiendo a defender la norma y a buscar claridad, concisión y economía del lenguaje; en consecuencia, el exceso de desdoblamientos me parece un horror porque oscurece el texto y complica las concordancias, las equis y las arrobas que reemplazan los marcadores de género son impronunciables y funcionan solo en el papel, el ‘todes’ me recuerda al juego de «le mer estebe serene…», entonces no lo puedo utilizar con seriedad. Mi otra postura, sin embargo, es más radical que la defensa de la norma: considero que la lengua es un sistema dinámico y, por lo tanto, es susceptible de ser modificado, lo que incluye la incorporación de neologismos y la variación debido a interferencias lingüísticas por contacto. Creo, además, que hay elementos extralingüísticos que determinan nuestro uso de la lengua, y, sobre todo, creo que la lengua le pertenece a la comunidad de hablantes y no a las academias, aunque esto ya se ha dicho. La realidad sobrepasa las prescripciones normativistas.

En agosto de 2017, María del Pilar Cobo, lexicógrafa y correctora de textos, nos invitaba a pensar en glotopolítica: aquella dimensión que, de acuerdo con los ‘inventores’ del término (Marcellesi y Guespin, 1986), «es necesaria para englobar todos los hechos del lenguaje donde la acción de la sociedad reviste la forma de lo político». Si bien este concepto nos puede servir para hablar particularmente de lengua y territorio, minorías lingüísticas y hegemonía, también es útil para pensar nuestro uso de la lengua con respecto a la mujer.


Flexionemos en femenino si eso ayuda a visibilizar a las mujeres en la historia, usemos el ‘todes’ si con eso desplazamos en algo el reduccionista binarismo de género —gramatical y también biológico—, resemanticemos términos, eliminemos usos y prácticas machistas de nuestro vocabulario, divirtámonos un poco pensando en los sentidos que le damos a lo que escribimos. Escuchemos a Rita Segato y seamos un poquito más desobedientes.


En uno de sus artículos, mi muy admirado Alex Grijelmo nos decía: «La lengua no es la realidad, sino una representación de la realidad». Por el contrario, creo que debemos recordar que el lenguaje no solo representa, sino que también genera mundo, así que, conscientes de la dimensión política de la lengua, militemos también con la palabra hasta cambiar el mundo. Nombrarnos da cuenta de nuestra existencia.

A propósito de su texto La RAE trata de redimirse al fragor de la lucha feminista, Isabel Hungría, de diario El Telégrafo, me invitó a publicar una columna de opinión sobre lenguaje inclusivo. Comparto con ustedes mi texto publicado originalmente como Militar la palabra (19/05/2019). La imagen que acompaña este texto pertenece a El Telégrafo.

La lengua, inventario del mundo

Mapa de lenguas

«Mapa de vitalidad de las lenguas del Ecuador», elaborado por KAL (Karlos Almeida, El Telégrafo, 2017). Fuente: Proyecto Oralidad Modernidad, Ethnologue: Languages of the World y Atlas de las lenguas del mundo en peligro.

«Boto tededo impa boto kewemamo»Esta frase en waotededo —idioma de la nacionalidad Waorani (Ecuador)—, justifica a la perfección la existencia de un día internacional dedicado a las lenguas nativas: «mi lengua es mi vida/mundo».

En 1952, dos estudiantes universitarios de Bangladesh (antiguo Pakistán Oriental), murieron a manos de la Policía durante la marcha del Movimiento por la Lengua Bengalí, que buscaba el reconocimiento de este idioma como lengua oficial de la nación. Este acto de intolerancia hacia una lengua distinta de la dominante (el urdu) fue tomado como punto de partida para un homenaje que pretende promover la diversidad lingüística y cultural. En su honor, hace diecisiete años, la Unesco declaró al 21 de febrero como Día Internacional de la Lengua Materna.

«En un sistema que no permite la existencia de otros modos de vida, el ejercicio de las lenguas no hegemónicas se convierte, de un acto de dignidad y autonomía, en un acto político revolucionario”, dice Sol Aréchiga Mantilla, traductora y lingüista mexicana.

Lenguas en el mundo

De acuerdo con la vigésima edición de Ethnologue: Languages of the World del Instituto Lingüístico de Verano, se estima que alrededor del mundo se hablan 7.000 idiomas (a 2016 la publicación listaba 7.099). La mayor riqueza lingüística se concentra en Asia, con el 32% de las lenguas del mundo; le sigue África con el 30%; América, 19%; Oceanía, 15% y, finalmente, Europa, que con 3% es el continente con menos diversidad. Papúa Nueva Guinea, en Oceanía —con aproximadamente 3,9 millones de habitantes— cuenta con la mayor cantidad de idiomas diferentes: 830.

Se considera que para que una lengua sobreviva al paso del tiempo necesita una base de, al menos, 100.000 hablantes. En la actualidad solo 600 cumplen este requisito. De ellas, entre 150 y 200 tienen cerca de un millón de hablantes. De acuerdo con Infobae los idiomas con el mayor número de hablantes nativos son el chino mandarín, lengua materna de más de mil millones de personas; el indostánico o hindustaní —que más que un idioma unificado es un conjunto de dialectos que se hablan en India y parte de Asia (incluye al hindi y el urdu, idiomas oficiales de la India y Pakistán, respectivamente)—, con 570 millones de personas; en tercer lugar se encuentra el español con 330 millones de hablantes; sigue el inglés con 328 millones, y el árabe, lengua materna de 232 millones de personas.

Patrimonio en riesgo

En el país se encuentran trece nacionalidades y diez pueblos indígenas; cada uno de ellos mantiene su propia lengua y cultura. Desde 2008, la Constitución reconoce al español como idioma oficial, al kichwa y al shuar como lenguas de comunicación intercultural y al resto de las lenguas de las nacionalidades indígenas como de uso oficial en cada una de sus jurisdicciones. Según Marleen Haboud, directora del proyecto Oralidad Modernidad de la PUCE, en el Ecuador —país multiétnico, multilingüe y multicultural— existen al menos diez lenguas indígenas aún vitales; es decir que cuentan con un número representativo de hablantes que las usan en diferentes espacios sociocomunicativos, pero todas enfrentan algún nivel de vulnerabilidad.

En el país están representadas algunas de las familias lingüísticas más importantes de Sudamérica. En la Costa se encuentran el tsa’fiki (de la nacionalidad Tsáchila), el cha’palaa (Chachi) y el awapit (Awá) de la familia lingüística Barbacoa; también está el sia pedee, de los Épera o Embera, pero es una lengua en grave riesgo. En la región andina predomina el uso del kichwa o runa shimi, de la familia macroquechua, que presenta variaciones dependiendo del pueblo en que se habla. En la Amazonía, entre los idiomas de la familia Jivaroana están el shuar chicham, el achuar chicham y el shiwiar chicham, de las nacionalidades Achuar Shuar y Shiwiar, respectivamente. Además están representadas las familias Tucano occidental con el paikoka/baikoka de los Siona-Secoya; la familia Zaparoana con las lenguas zápara y andoa, esta última extinta. Las lenguas a’ingae (nacionalidad A’i Cofán) y waotededo (Waorani) no tienen filiación lingüística reconocida.

«La lengua es, sobre todo, una forma de ver y comprender el mundo”, dice Oswaldo Encalada Vásquez, filólogo y docente. Es a través del dominio de la lengua materna que se adquieren las habilidades básicas de lectura, escritura y aritmética, pero además, los idiomas minoritarios e indígenas transmiten culturas, valores y conocimientos tradicionales únicos y desempeñan un papel importante en la promoción de los futuros sostenibles. La preservación de las lenguas maternas es esencial para garantizar que todas las poblaciones logren un acceso real a una educación de calidad. Es por ello que distintos organismos internacionales buscan concienciar a la población sobre la eliminación de las diferencias lingüísticas que solo generan límites para las poblaciones minorizadas.

Jhonny Calazacón, hablante nativo de tsa’fiki, dice: «Miranun fi’ki piyapulenan junte jera inojoe miranun, juntechi kiran tsajoe yape in miranunka panshi tu’chun» (La desaparición de una lengua implica una pérdida importantísima e irrecuperable de conocimientos. Cada lengua es un inventario del mundo). Huajarai Penti, de la nacionalidad Shuar agrega: «Ii chichamrí amenkaskarkias, menkakamniaitjí, tura ikia, ii nunken tura chichamen, menkakarminiaití». (Si olvidamos nuestra lengua estaremos perdidos. Nos convertiremos en unos pobres individuos sin tierra y sin voz). «Nukanchik shimi chinkarikpika ñukanchikpish chinkarishunmi», dice Rosa Guamán, kichwa del Cañar; es decir: «si desaparece la lengua, desaparecemos también nosotros». Es nuestra responsabilidad que esto no suceda.

NOTA: Las citas en waotededo, tsa’fiki, shuar chicham y kichwa fueron documentadas por el Proyecto Oralidad Modernidad.

Este texto se publicó originalmente en el n.° 279 del suplemento cultural cartóNPiedra, del 5 de marzo de 2017.