Ni una mujer menos / Justicia para Vanessa

Este artículo fue publicado en el N° 34 de la Revista Aportes Andinos de la UASAB

Justicia

Imagen cortesía de la plataforma Justicia para Vanessa

En 1927 apareció “Un hombre muerto a puntapiés” de Pablo Palacio; relato de ficción que transformó el panorama de la literatura ecuatoriana, quizá hasta nuestros días.

El relato narra la historia de un lector obsesionado con ahondar en la causas del asesinato a puntapiés de Octavio Ramírez de 42 años. Extranjero.

En 2013 (19 de octubre para ser precisa) un hecho similar apareció en los diarios. Se trataba del caso de Vanessa Landinez, mujer de 37 años que fue brutalmente asesinada —también a puntapiés— en un hotel de Ambato.

La suya, a diferencia de la historia que relata Palacio, no transformó la literatura ecuatoriana, pero sí unas cuantas vidas. La de su hija Raffaella principalmente.

-II-

La semana pasada en una reunión familiar y ya con varios tragos encima, el rato de los chistes alguien comentó “a ver, ¿en qué se parecen las mujeres y las leyes? …En que a las dos hay que violarlas”. Todos en la sala se rieron pero yo me molesté y salí a fumar un cigarrillo mientras pensaba “esto está mal, muy mal. Lo peor es que si la gente se ríe de eso es porque lo tiene metido en el hipocampo… —esa región de nuestro cerebro que reacciona ante algunas emociones y que está ligada directamente con el lenguaje, con la risa y con la memoria—“.

¿Qué fue lo que en lugar de confrontar a quien contó el ‘chiste’ y a la gente que rió haciéndole ver que aquella frase no había nada de gracioso, hizo que mejor saliera a fumar indignada, pero callada?

Que la violencia a todo nivel está naturalizada y que no nos damos cuenta —o no me di cuenta en ese momento— que igual de canallas somos quienes violentamos que los que vemos y no hacemos ni decimos nada.

-III-

Hace poco leía a una amiga que decía que llegó a un país creyéndose persona y se marchó sabiéndose mujer. Pensé alguna vez que habrían días en que se me olvidaría que soy mujer y que podría imaginar, digamos, que soy poeta, que soy estudiante o transeúnte, así a secas, sin marcador de género incluido. Que podría olvidar por ejemplo que en las matemáticas, a las mujeres, nos redondean hacia abajo, más aún si somos ‘distintas’, de esas que no se conforman, las que podrán tener un compañero pero no un marido, esas a las que les han ‘facilitado’ tanto la vida con los electrodomésticos que ahora son unas carishinas. A las mujeres nos redondean hacia abajo o nos siguen contando como ceros a la izquierda (menos para contar a las que se mueren, ellas sí que suman).

Soy mujer y no tiene que ver nada más con mi cuerpo, con que explore esos terrenos de la feminidad que no van de acuerdo con el rosa. Soy mujer y me merezco y me gusto y me sigo condenando a veces, muero por mi propia boca cuando digo: este es mi cuerpo, esta es mi voz, así pienso.

Construyo un mundo y derribo una muralla.

-IV-

4’127.736 Parece un número cualquiera, pero, ¿qué pasa si a cada número le ponemos un nombre? Bien podría ser Clara, Rosa, Laura, Vanessa, Andrea, Ruth, Raffaella —miles de etcéteras que incluyen tu nombre, el tu madre, el de tu hermana, el de tu hija y hasta el de tu mejor amiga—; ese el indicador (6 de cada 10) de mujeres en Ecuador que han sido víctimas de violencia. Desde aquella a la que le gritaron por la calle: “¡Estás buena, mamita, ven para comerte!”, hasta aquella que tuvo que aguantar que personal de la comisaría le dijera: “Y usted, ¿tiene trabajo?, ¿con qué va a mantener a sus hijos si le deja a su marido?”, cuando fue a denunciar los golpes de la borrachera de la noche anterior.

-V-

Siempre pensé que sobre la violencia contra la mujer había mucho que decir, pero no es cierto. Para describir el dolor, el horror y la muerte no alcanzan las palabras.

Esta nota fue publicada en la plataforma Justicia para Vanessa en agosto de 2014. En la revista Pikara pueden encontrar un artículo sobre el errado manejo mediático del caso y la tendencia a culpar a las víctimas por ser sujetos de violencia. Afortunadamente, también hay acciones que aportan a la construcción de un mundo distinto para eliminar la violencia machista.

Sobre las opiniones libres y las responsabilidades

Hace un tiempo en Ecuador se lleva a cabo un debate sobre la libertad de opinión, la libertad de prensa y una propuesta de ley muy controvertida. Una de las cosas que se propone dentro esta polémica ley es la responsabilidad ulterior. Este post en particular, no trata de la ley, sino de responsabilidad.

Hoy fue publicado un artículo de opinión titulado “¿Familias Alternativas?” de Miguel Macías Carmigniani, un artículo claramente homofóbico y discriminador [el artículo fue dado de baja de la versión web pero se encuentra disponible en este enlace] y que provocó miles de reacciones en redes sociales y blogs:

  Carta Pública al Señor Macías Carmigniani de Pancho Hurtado

«Realmente resulta sorprendete leer su artículo en el Diario El Comercio sobre el tema de familias alternativas y el derecho a la identificación de Satya con el apellido de sus dos madres como posibilidad formal para que pueda ejercer sus derechos en el Ecuador.  Usted, en su calidad de abogado bien debe conocer que el principio de no discriminación, reconocido internacional y constitucionalmente, es uno de los pilares en el ejercicio de derechos humanos, y que en el caso de nuestras dos últimas constituciones (1998 y 2008) se reconoce que ninguna persona puede ser discriminada por ninguna condición, y que desde el 2008 expresamente se PROHIBE LA DISCRIMINACIÓN por identidad de género y la orientación sexual».

Estos comentarios por ejemplo fueron publicados en facebook en la página de la Contraloría General del Estado

 «Este articulo de El Comercio, más que una opinión es una incitación a la discriminación desde una visión regresiva y restrictiva de los derechos. Es aquí donde debería activarse la justicia». J. A.

 «Debe ser retirado de inmediato y realizar una rectificación adecuada. Cabe señalar que el Código Penal señala claramente ‘Será sancionado con prisión de seis meses a tres años el que públicamente o mediante cualquier medio apto para su difusión pública incitare al odio, al desprecio, o a cualquier forma de violencia moral o física contra una o más personas en razón del color de su piel, su raza, sexo, religión, origen nacional o étnico, orientación sexual o identidad sexual, edad, estado civil o discapacidad’».

Propuesta de ley aparte, ¿tiene alguien, usando su derecho a la “libertad de opinión”, el poder de fomentar la discriminación, la homofobia e irse incluso en contra de principios básicos de derechos humanos? El diario El Comercio, uno de los de mayor circulación en el país tuvo que dar de baja dicho artículo y presentar excusas:

 EL COMERCIO lamenta la publicación de la columna ‘¿Familias alternativas?’ del articulista Miguel Macías Carmigniani. Su contenido vulnera los principios de tolerancia y pluralismo que mantiene este medio y empaña su línea editorial de defensa de los derechos individuales y de las minorías. En este caso, fallaron los filtros correspondientes. EL COMERCIO quiere dejar en claro que las columnas firmadas en las páginas de opinión son de exclusiva responsabilidad del autor, no reflejan ni nuestra opinión ni nuestra línea informativa. El artículo ha sido retirado de nuestro sitio web.

El medio puede deslindarse de responsabilidades porque “las columnas firmadas en las páginas de opinión son de exclusiva responsabilidad del autor, no reflejan ni nuestra opinión ni nuestra línea informativa”; pero ¿puede el sr. Macías quedar impune?

Otra de las joyas editoriales fue la publicada el 16 de mayo de 2012 en la Revista Vistazo, el artículo de Peter Bjerre Mosquera se titula “La Familia”, donde dice: 

«La familia está compuesta de papá y mamá, hombre y mujer, quienes se casan y tienen hijos. Sin entrar a una discusión religiosa, esa fue la información que recibimos TODOS! Nunca escuché de mis maestros decir que había la posibilidad que la mamá sea un señor o que el papá sea una señora, tampoco tuve compañeros cuyos padres eran dos señores o cuyas madres eran dos señoras…»

Y continúa:

¿Quienes fallaron? o ¿Quienes están fallando? ¿Los padres que no fortalecieron casa adentro los principios naturales de la concepción familiar? ¿Los maestros que no fueron suficientemente categóricos en lo que enseñaban? o ¿Acaso este es un mundo abierto y descontrolado donde por más esfuerzo que se haga, la situación es insalvable?

Finalmente, se interroga:

¿Dónde quedó nuestro Ecuador íntimo, nuestro Ecuador conservador?

[…] Nuestro Ecuador mimado se está convirtiendo a zancadas en la sucursal de grandes ciudades donde el concepto de la familia esta muerto y enterrado, donde se pregona, a nombre de la libertad, la unión entre personas del mismo sexo. Nuestro Ecuador de damas elegantes y caballeros formales de sombrero de copa, se está transformando en errantes andando en short y zapatillas malolientes.

Lo bueno es que reconoce que su artículo “no es un análisis científico, ni está basado en un estudio de múltiples tesis de grado”. Yo me pregunto, ¿le habrán hablado en la escuela a este hombre sobre cosas elementales como respeto, derechos humanos, se habrá enterado siquiera que la tierra no es plana y que el planeta gira alrededor del sol?

Cualquiera que sea nuestra configuración sexogenérica es nuestra elección, nuestro ser no es una moda, una aberración o un acto contra natura. Cuando dejemos de ver etiquetas y veamos humanos vamos a estar en el camino a una culura de paz, de respeto y diversidades.

Familia_alternativa


 

 

 

Ser Mujer

Presento mi publicación Ser Mujer, aparecida hoy 5 de marzo de 2012 en el Diario El Comercio. El texto tuvo modificaciones en la edición impresa, transcribo la versión original:

Ser Mujer Andrea Torres Armas

Andrea Torres Armas (Socióloga y escritora).

‘Hacerse una mujer’, ―dice una de las acepciones de la RAE―, es “llegar a ser madura y responsable de sus actos”.

Yo creo que ser mujer es ser a veces voz, a veces cuerpo. Saber exactamente quién eres aunque fallen las definiciones y los pronombres posesivos. Traspasar el género por construir la hybris.

Supongo que con cada paso podríamos repetir toda la historia humana, pero la cambiamos con cada respiración. Ser mujer es salir de la trampa de la imagen, de lo que se espera de nosotras, dejar de ser espejos. Si antes estaba mal que una mujer eligiera estudiar en vez de tener una familia, hoy es exactamente al revés. ¿Cuál es entonces la diferencia? ¿Qué nos define?: ¿Un trabajo nos define? ¿Lo hacen una cacerola, una cartera, un vestido o un maletín? ¿Una carrera? ¿Una palabra?

Ser mujer es una forma, ―muchas formas en realidad―, de vivir, de desear, de sentir, de proyectar futuro más allá de los roles que asumamos. Es saber que, bajo esta piel, soy ella y todas.