5 de septiembre, Día Internacional de la Mujer Indígena

“Por eso yo digo a los jóvenes de ahora que quieren cosechar, que paren duro, estamos con la dictadura todavía, con el cuchillo al corazón y con una soga al pescuezo; así quieren asesinar y al campesino pobre ca no van a dar nada, que no tenemos orden ni derecho ni ley para coger las haciendas no siendo que para servir alimento a hospitales colegios…

Pero nosotros no tenemos que dejar nomás. Tenemos que seguir en lucha como antes hemos hecho viejos.

Así estamos viviendo ahora, así hemos vivido y luchado más antes. Así tenemos que seguir en lucha, recordando tiempo de antes…”

Tránsito Amaguaña en Yo declaro con franqueza (Yánez del Pozo, 1988: p. 37)

Este 5 de septiembre se conmemora el Día Internacional de la Mujer Indígena en honor a la heroína aimara Bartolina Sisa, mujer de temple y honor que fue asesinada y descuartizada un 5 de septiembre de 1782 en la Plaza Mayor de La Paz, Bolivia, por haberse opuesto a la dominación y la opresión de los conquistadores.

Esta fecha fue instituida en el Segundo Encuentro de Organizaciones y Movimientos de América en Tihuanacu, Bolivia.

Bartolina Sisa, hilandera y tejedora, fue la esposa de Julián Túpac Katari, ambos batallaron contra el ejército realista. Ella fue líder de batallones indígenas, organizó un escuadrón de guerrilleros y también grupos de mujeres colaboradoras de la resistencia frente a los españoles en los diferentes pueblos del alto Perú.

En su nombre se decidió recordar a todas las mujeres indígenas incansables, expuestas, que con orgullo y dignidad enfrentan un sistema socio-político-cultural y económico racista que siempre que puede, las discrimina, las violenta de múltiples formas y las excluyen doblemente por ser indígenas y por ser mujeres. En Ecuador han habido y hay miles de mujeres indígenas destacadas que han generado grandes cambios construidos con pequeñas conquistas.

Dolores Cacuango

Bartolina Sisa

Tránsito Amaguaña

 

Derechos específicos de las mujeres indígenas

  • Derecho al respeto de la identidad cultural del pueblo al que pertenecen.
  • Derecho a su identificación como integrante de un pueblo indígena específico.
  • Derecho a no ser asimiladas ni obligadas a aceptar prácticas culturales ajenas y que atenten contra su propia identidad cultural.
  • Derecho a modificar costumbres y tradiciones sociales, culturales, económicas que dañen o afecten su dignidad.
  • Derecho a recuperar, como integrantes de un pueblo indígena, ciertas prácticas y tradiciones que las favorecen y dignifican como mujeres.

Ni una mujer menos / Justicia para Vanessa

Este artículo fue publicado en el N° 34 de la Revista Aportes Andinos de la UASAB

Justicia

Imagen cortesía de la plataforma Justicia para Vanessa

En 1927 apareció “Un hombre muerto a puntapiés” de Pablo Palacio; relato de ficción que transformó el panorama de la literatura ecuatoriana, quizá hasta nuestros días.

El relato narra la historia de un lector obsesionado con ahondar en la causas del asesinato a puntapiés de Octavio Ramírez de 42 años. Extranjero.

En 2013 (19 de octubre para ser precisa) un hecho similar apareció en los diarios. Se trataba del caso de Vanessa Landinez, mujer de 37 años que fue brutalmente asesinada —también a puntapiés— en un hotel de Ambato.

La suya, a diferencia de la historia que relata Palacio, no transformó la literatura ecuatoriana, pero sí unas cuantas vidas. La de su hija Raffaella principalmente.

-II-

La semana pasada en una reunión familiar y ya con varios tragos encima, el rato de los chistes alguien comentó “a ver, ¿en qué se parecen las mujeres y las leyes? …En que a las dos hay que violarlas”. Todos en la sala se rieron pero yo me molesté y salí a fumar un cigarrillo mientras pensaba “esto está mal, muy mal. Lo peor es que si la gente se ríe de eso es porque lo tiene metido en el hipocampo… —esa región de nuestro cerebro que reacciona ante algunas emociones y que está ligada directamente con el lenguaje, con la risa y con la memoria—“.

¿Qué fue lo que en lugar de confrontar a quien contó el ‘chiste’ y a la gente que rió haciéndole ver que aquella frase no había nada de gracioso, hizo que mejor saliera a fumar indignada, pero callada?

Que la violencia a todo nivel está naturalizada y que no nos damos cuenta —o no me di cuenta en ese momento— que igual de canallas somos quienes violentamos que los que vemos y no hacemos ni decimos nada.

-III-

Hace poco leía a una amiga que decía que llegó a un país creyéndose persona y se marchó sabiéndose mujer. Pensé alguna vez que habrían días en que se me olvidaría que soy mujer y que podría imaginar, digamos, que soy poeta, que soy estudiante o transeúnte, así a secas, sin marcador de género incluido. Que podría olvidar por ejemplo que en las matemáticas, a las mujeres, nos redondean hacia abajo, más aún si somos ‘distintas’, de esas que no se conforman, las que podrán tener un compañero pero no un marido, esas a las que les han ‘facilitado’ tanto la vida con los electrodomésticos que ahora son unas carishinas. A las mujeres nos redondean hacia abajo o nos siguen contando como ceros a la izquierda (menos para contar a las que se mueren, ellas sí que suman).

Soy mujer y no tiene que ver nada más con mi cuerpo, con que explore esos terrenos de la feminidad que no van de acuerdo con el rosa. Soy mujer y me merezco y me gusto y me sigo condenando a veces, muero por mi propia boca cuando digo: este es mi cuerpo, esta es mi voz, así pienso.

Construyo un mundo y derribo una muralla.

-IV-

4’127.736 Parece un número cualquiera, pero, ¿qué pasa si a cada número le ponemos un nombre? Bien podría ser Clara, Rosa, Laura, Vanessa, Andrea, Ruth, Raffaella —miles de etcéteras que incluyen tu nombre, el tu madre, el de tu hermana, el de tu hija y hasta el de tu mejor amiga—; ese el indicador (6 de cada 10) de mujeres en Ecuador que han sido víctimas de violencia. Desde aquella a la que le gritaron por la calle: “¡Estás buena, mamita, ven para comerte!”, hasta aquella que tuvo que aguantar que personal de la comisaría le dijera: “Y usted, ¿tiene trabajo?, ¿con qué va a mantener a sus hijos si le deja a su marido?”, cuando fue a denunciar los golpes de la borrachera de la noche anterior.

-V-

Siempre pensé que sobre la violencia contra la mujer había mucho que decir, pero no es cierto. Para describir el dolor, el horror y la muerte no alcanzan las palabras.

Esta nota fue publicada en la plataforma Justicia para Vanessa en agosto de 2014. En la revista Pikara pueden encontrar un artículo sobre el errado manejo mediático del caso y la tendencia a culpar a las víctimas por ser sujetos de violencia. Afortunadamente, también hay acciones que aportan a la construcción de un mundo distinto para eliminar la violencia machista.

Si falta una, faltamos todas

Estos 98 pares de zapatos representan a algunas de las mujeres que han sido víctimas de feminicidio en Ecuador.

ImagenFotografía de Pavel Calahorrano/ El Comercio-Ecuador

El informe Femicidio en Ecuador, publicado en enero de 2011 por la Comisión de Transición hacia el Consejo de las Mujeres y la Igualdad de Género, refiere que “las parejas, exparejas y los familiares son responsables de aproximadamente el 76% de feminicidios”. La mayoría de casos se ha reportado en mujeres que fueron atacadas por sus convivientes. El documento añade que en un 33,9% de los 62 casos estudiados se utilizaron armas de fuego y en un 29%, armas blancas.

Según datos de la Fiscalía, entre 2012 y 2013 se registraron al rededor de 130 asesinatos de mujeres que podrían ser atribuidos a la violencia machista.

Ayer, Día Internacional de la Salud de la Mujer, el colectivo Justicia para Vanesa realizó la acción artística ‘Zapatos rojos’. Este acto simbólico y de protesta inició en julio de 2012 en Ciudad Juárez, donde decenas de zapatos rojos fueron colocados en la plaza de armas con el fin de denunciar la violencia contra la mujer. Elina Chauvet, quien encabezó la protesta, menciona que:

Es a través de la ética y la estética, a través de la ausencia y la visibilidad que los Zapatos Rojos nos muestran el vacío dejado por las hijas, hermanas, madres y esposas.

[…] Zapatos Rojos es un encuentro del arte y la memoria colectiva. Busca en su andar solidaridad entre los pueblos para con una ciudad donde el asesinato y desaparición de mujeres es un hecho cotidiano, también genera una reflexión en las ciudades y países donde se presenta ya que provoca hablar de un tema cada vez menos oculto como es la violencia en contra de las mujeres.

Según datos Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), 6 de cada 10 mujeres sufren violencia de género en el país.

Justicia para Vanesa

Ni una mujer menos

Mañana, viernes 30 de mayo, se dará sentencia al caso de feminicidio de Vanessa Landinez Ortega, asesinada a golpes el 19 de octubre del 2013 en un hotel de Ambato. ¿Cuánto tiempo más llevará darnos cuenta de que la violencia es inaceptable; que el patriarcado anula, asesina; que no podemos vivir con miedo; que la indiferencia nos vuelve igual de culpables?

Una vez me enseñaron que, como con las fotografías que quitamos de una pared, los vacíos que quedan resultan ser aún más significativos… Pasa eso con nosotras: si falta una, faltamos todas.

Y ahora que tu no estás, ¿qué nos queda?
¿Un montón de zapatitos rojos
con epitafios bajo las huellas?
Un archipiélago de dolores.
Una memoria avergonzada.
Esa memoria también perecible.

Debemos reconstruir el camino de la vida
recuperar ese cuerpo mío, tuyo
que ha sido territorio prometido,
conquistado
arrebatado durante tantos siglos.
Zapatos.
Solo zapatos.
Epitafios como huellas.

Andrea Torres Armas

Mujeres de marzo – Fanzine Poético #3 –

A propósito del Día Internacional de la mujer, presento la publicación del Fanzine Poético # 3 Hasta que grita la santa. Una publicación a cargo del Colectivo La Chinchilla de la ciudad de Cuenca.

Los textos -contra la violencia a la mujer- y las ilustraciones están siendo expuestas en las muestras: Mujeres de Mazo (del 7 al 24 de marzo de 2013, Museo del Banco Central en Cuenca) y en Primer encuentro Arte Mujer (El Oro, Zamora Chinchipe, Loja. 6, 7 y 8 de marzo de 2013 en la Casa de la Cultura en Loja).

 

Pueden ver la publicación completa en el siguiente enlace: Fanzine Poético #3 “Hasta que grita la Santa”.

 

A continuación uno de mis textos que fue incluido en la publicación.

 

Eisoptrofobia

Paso en sus ojos de ser lo que soy

a lo que fui.

Vi sus manos acariciando cicatrices en mi rostro

y a ella, sonriendo como si se felicitara.

 

Me vi convertida por su puño

en cientos de fragmentos de cristales diminutos

y no supe, aun así,

dónde había caído la máscara.

 

¿Y si fuera justamente

ese exceso de confianza en esta imagen

lo que entorpece la vista?

 

Más fácil es decirle al mundo

«nada puedo hacer, es este mi destino»

Que hacer una revolución día a día

 

La verdad del mundo es

que el horror es obra nuestra.

La oscuridad

la pintamos nosotros.

 

 

Ser Mujer

Presento mi publicación Ser Mujer, aparecida hoy 5 de marzo de 2012 en el Diario El Comercio. El texto tuvo modificaciones en la edición impresa, transcribo la versión original:

Ser Mujer Andrea Torres Armas

Andrea Torres Armas (Socióloga y escritora).

‘Hacerse una mujer’, ―dice una de las acepciones de la RAE―, es “llegar a ser madura y responsable de sus actos”.

Yo creo que ser mujer es ser a veces voz, a veces cuerpo. Saber exactamente quién eres aunque fallen las definiciones y los pronombres posesivos. Traspasar el género por construir la hybris.

Supongo que con cada paso podríamos repetir toda la historia humana, pero la cambiamos con cada respiración. Ser mujer es salir de la trampa de la imagen, de lo que se espera de nosotras, dejar de ser espejos. Si antes estaba mal que una mujer eligiera estudiar en vez de tener una familia, hoy es exactamente al revés. ¿Cuál es entonces la diferencia? ¿Qué nos define?: ¿Un trabajo nos define? ¿Lo hacen una cacerola, una cartera, un vestido o un maletín? ¿Una carrera? ¿Una palabra?

Ser mujer es una forma, ―muchas formas en realidad―, de vivir, de desear, de sentir, de proyectar futuro más allá de los roles que asumamos. Es saber que, bajo esta piel, soy ella y todas.