A Luján (una novela peregrina) | Reseña

Sobre A Luján (una novela peregrina),  de Ariel Magnus (Interzona, 2014).

—¿Usted cree en lo que está diciendo?

—No, pero tampoco es mi tarea, yo me limito a exponer.


Querido lector: ¿Sabe usted que hay libros que muestran el camino? Mejor aún, ¿sabe usted que hay libros que son caminos? En esta novela usted puede ser un peregrino más —«ingenuamente el peregrino piensa que antes se acabará el camino que su energía y sus ganas de caminarlo»—.

A Luján (una novela peregrina), de Ariel Magnus (Interzona, 2013), está dividida en cinco trayectos: de Liniers a Morón, de Morón a Merlo, de Merlo a La Reja, de La Reja a General Rodríguez y desde allí, finalmente, a Luján. Cada trayecto consta de largos párrafos sin punto y aparte (en realidad, sin ningún tipo de punto), que se suceden como los pensamientos y cavilaciones que se tienen mientras uno, pie tras pie, sigue adelante: caminar y peregrinar no son lo mismo; las oraciones se interrumpen con fragmentos de diálogos cortos oídos al pasar durante la peregrinación:

—¿Se puede ser de dos Iglesias a la vez?, pregunta uno de los fieles.

—Tanto como de dos equipos de fútbol, pero uno de la A y otro de la B, sentencia el confesor.

Novela coral llena de humor y de comentarios políticamente incorrectos, en ella el narrador habla sin filtros y arrastra al lector junto a la multitud de caminantes por los casi setenta kilómetros que separan el tradicional barrio porteño con la basílica en la que en octubre de 2012, el arzobispo de Buenos Aires, un tal Jorge Bergoglio, dio su última homilía antes de ser nombrado papa «…sale Benedicto entra Francisco, a ver si con este jesuita tribunero y de buena llegada el Deportivo Eclesiástico logra revertir el resultado contra el Combinado Evangelista».

El narrador es una voz que va enlazando un tema con otro, a veces, incluso, temas que parecen no tener nada que ver entre sí. Mezcla cosas que les pasan a los peregrinos con hechos que ocurrieron alguna vez en esta o aquella esquina por la que pasan, con noticias del momento, reflexiones religiosas (y no tanto) y consejos para caminar mejor. La voz va de una cuadra a otra, de un personaje a otro y de un tema a otro como si lo que se escuchara fuese la narración de un partido de fútbol en postas y línea recta:

son las trece horas y dos minutos la temperatura es de veinticuatro grados y tres décimas la humedad es del sesenta y cuatro por ciento el cielo está despejado vientos moderados del sector sudoeste lo que se dice un día ideal para peregrinar.

—Y para escuchar Radio Camino, la radio del peregrino.

—Mueva su cuerpo pero no su día.

Magnus llega a conclusiones teológicas insólitas que funden, dentro de un humor inteligente, lo popular con lo culto, lo controvertido con la moral en turno, lo mordaz y lo sutil. Explora lo mismo el pavimento que lo intrínseco del ser humano (en una multiplicidad de seres); se cuestiona con la misma intensidad si es pecado bañarse desnudo que si el hueso sacro debería cambiar de nombre para ser menos herético.

Una de las particularidades de este libro es que el protagonista no es un héroe o antihéroe tradicional, sino la misma multitud. La voz narradora hace un movimiento de zapping que va de personaje en personaje, de una conciencia a otra, hasta que ese rumor toma cuerpo en el texto —mediante un uso singular de la ortografía, por ejemplo— y en la imaginación del lector.

Cirilo Sánchez camina a Luján con zapatillas robadas y Juan Manuel Baigorria camina con las nuevas zapatillas que se compró luego de que Cirilo le robara las suyas, en cambio Eustaquio Comodoro Álvez marcha descalzo y Herminio Piccio marcha doblemente calzado, en los pies lleva unas 43 y el cinto una 38.

David Voloj le preguntó a Magnus para Ciudad Equis:

A Luján está atravesada por un tipo de humor que roza con lo patético e inclusive se tiñe de cierta inocencia grotesca.

¿Cómo te vinculás con el universo de la risa?

El humor es el lugar hacia el que derrapo con naturalidad, la solución a todos los problemas (o el primero de todos ellos, sin solución a la vista). A veces trato de ser serio, pero dura poco. Quizá por eso elijo temas no humorísticos, como para lograr un equilibrio (y tal vez porque suelen estar menos explorados en ese tono). Creo en el humor sutil, en la fina ironía, pero también en la risotada, y por eso no me amilano ante el chiste tonto. Si es un error, es deliberado. Igual, siempre me prometo subsanarlo. Hasta que aparece el primer juego de palabras y chau, no puedo resistirme. Su propia novela podría aportar a la respuesta:

—¿Es pecado jugar con las palabras?

—Tanto como jugar con la comida.

—¿Y tanto como jugar con el pito?

—Más vale.

Ariel Magnus Buenos Aires (1975). Descendiente de inmigrantes alemanes, estudió becado por la fundación Friedrich Ebert Stiftung literatura española y filosofía en Alemania, país donde residió entre 1999 y 2005. Ha colaborado con las revistas SoHo, Gatopardo, el suplemento Radar de Página/12y actualmente con el suplemento El Ángel de La Reforma (México) y ocasionalmente con la revista cultural La mujer de mi vida y el diario Die Tageszeitung (Taz) de Alemania. Ha publicado las novelas Sandra (2005); La abuela (2006); Un chino en bicicleta (2007) —Premio de novela La otra orilla, traducido al alemán, italiano, rumano, croata y hebreo—; Muñecas (2008)—Premio de Novela Breve Juan de Castellanos—; Ganar es de perdedores (2010); Doble Crimen (2010) y El hombre sentado(2010). Trabaja como periodista cultural y traductor literario

Este artículo fue originalmente publicado en el N° 168 de la revista CartóNPiedra

El año nuevo indígena: época de florecimiento

Este artículo fue originalmente publicado en el N° 36 de la revista de7en7

De7en7_Tumarina

El inicio del año nuevo indígena está marcado por los ciclos de siembra y cosecha: solsticios y equinoccios, vida y muerte.

Para nadie es un misterio que el calendario que utilizamos actualmente está regido por los movimientos de la Tierra alrededor del sol; tampoco es un enigma que muchas de las fiestas que celebramos fueron fijadas por la Iglesia católica para encubrir ritos paganos que dificultaban que las fiestas eclesiásticas se fijasen en la memoria colectiva.

Del natalicio del sol invicto a Navidad y un nuevo calendario

Sucede eso con Navidad, por ejemplo. En ninguna parte de la Biblia se indica al 25 de diciembre como el nacimiento de Jesuscristo. Sin embargo, esa fecha fue establecida a partir del siglo V para encubrir las Saturnalias —ceremonias en honor Saturno, dios de la semilla y del vino—, que empezaban el 17 de diciembre y terminaban con el festival del nacimiento del sol invicto (Dies Natalis Solis Invicti) que se celebraba cuando la luz del día aumentaba después del solsticio de invierno. Este festival corría desde el 21 al 25 de diciembre.

Algo parecido sucede con la fecha en la que celebramos el año nuevo. Antiguamente, el calendario romano comenzaba el primer día del mes de marzo; sin embargo, era en enero (undécimo mes) cuando los cónsules romanos asumían el gobierno. Posteriormente, y con la expansión de la cultura occidental, el 1 de enero se convirtió en una fecha de carácter universal que anunciaba el inicio de un nuevo ciclo.

Desde el año 46 a. C. hasta 1582, el calendario que se utilizó fue el llamado Juliano —instaurado por Julio César— que reemplazó al caótico calendario romano que era particularmente manipulable porque no estaba sincronizado con las estaciones de la Tierra; políticos y comerciantes añadían o quitaban días o meses al azar. El calendario juliano, aunque había sido el más preciso hasta entonces, no era lo suficientemente exacto porque el año tropical (lo que la Tierra tarda en completar una vuelta completa alrededor del Sol) no dura 365 días y 6 horas —según los cálculos julianos—, sino 365 días, 5 horas, 48 minutos y 46 segundos.

Esta diferencia de 11 minutos y 14 segundos, que parececía mínima, no lo era, ya que cada 128 años estos minutos se convertían en un día completo. En 1582, el papa Gregorio XIII instaura un nuevo calendario (el Gregoriano que utilizamos hasta ahora) para eliminar ese desfase y con él fijar el momento astral en que debía celebrarse la Pascua y, en relación con esta, las demás fiestas religiosas móviles. Lo que importaba era la regularidad del calendario litúrgico; así, se debía corregir calendario civil para que este se adapte al litúrgico y este a su vez al año trópico.

Antes de Gregorio, la Pascua debía conmemorarse el domingo siguiente al plenilunio posterior al equinoccio de primavera en el hemisferio norte (equinoccio de otoño en el hemisferio sur).

Solsticios y equinoccios: nuevos ciclos

Mencionamos que el calendario se instauró también para corresponderse con las estaciones (primavera, verano, otoño e invierno), directamente relacionadas con la siembra y la cosecha, los solsticios y equinoccios: ciclos de vida y muerte.

Para muchos pueblos indígenas, el inicio las estaciones implica un renacer natural y espiritual y, por lo tanto, están ligados a sus celebraciones de año nuevo.

En los pueblos andinos, el pueblo kichwa, por ejemplo, estos rituales anteriores a la Colonia aún se mantenien. Garcilazo de la Vega relata que en el incario eran 4 las celebraciones más importantes: Pawkar Raymi, Inti Raymi, Kolla Raymi y Kapak Raymi.

Pawkar Raymi o Mushuk nina que significa literalmente ‘florecimiento’. Coincide con el equinoccio de primavera, que es el día en que todos los puntos de la Tierra el día y la noche tienen la misma duración (21 de marzo). Esta festividad tiene como ritual el Tumarina, que consiste en depositar un poco de agua y flores sobre la cabeza de la otra persona. Las mujeres recolectan flores de chocho, maíz y ñachac y recogen agua de las vertientes sagradas para purificar.

Fiesta de la chonta: Para los shuar, el año inicia con la cosecha del uwy o chonta y el mes en que se celebra (entre mayo y agosto) es un mes sagrado. Los shuar mantienen una comprensión cíclica de las relaciones espacio-temporales que se conciben de manera unitaria y expresan movimiento: el tiempo transcurre y con él, simultáneamente, el espacio. Esta dimensión, Tsawant, no tiene tiempos prefijados.

El Kasama: Los tsáchilas celebran el Kasama (Nuevo Amanecer), en una fecha móvil que suele coincidir con el Sábado de Gloria católico. La celebración inicia a las 03:00 cuando los pone (chamanes) realizan el mukeka que consiste en invocar a sus ancestros para luego tomar un baño de purificación para recibir el nuevo año. El ritual se cumple antes de que los pájaros canten con el fin de recibir purificados la aurora del Kasama.

We tripantu: Para otros pueblos indígenas, como los mapuches en Chile, el año nuevo inicia en el solsticio de invierno austral (de verano en el hemisferio norte) y se denomina We tripantu y significa ‘nueva salida del sol y de la luna’. Esta fecha marca el inicio de la época fría.

De esta manera, lo que para muchos de nosotros significa solamente un cambio de fecha más —aunque de por medio tengamos ritos, cábalas, celebraciones y propósitos cargados de buenas intenciones—, para muchos pueblos —como los indígenas mencionados aquí— implica un renacimiento espiritual vinculado a los ciclos de la Tierra. Como vemos, años nuevos hay muchos, lo que cuenta es que al inicio de cada período lo que cambie y se renueve seamos nosotros.

De epitafios y marionetas / Reseña de Toque de queda

Este artículo fue originalmente publicado en el N° 152 de la revista CartóNPiedra

Sobre Toque de Queda (La Bestia Equilátera, 2014) de Jesse Ball
Por Andrea Torres Armas.

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“La tradición de los oprimidos nos enseña que el estado de excepción
en el cual vivimos es la regla. Debemos adherir a un concepto de
historia que se corresponda con este hecho”.
Walter Benjamin

Está bien, lo admito, hasta que descubrí los libros de Neil Gaiman me saltaba los prólogos —aunque eso es otra historia—. Si uno va a leer un libro no necesita saber qué piensa otro sobre él. Corremos siempre el riesgo de que los prólogos busquen emparentar escrituras, comparen autores, creen herederos innecesariamente, anuncien fábulas y paratextos… Sin embargo, cuando abrí Toque de Queda, el prólogo de Luis Chitarroni (Editor del Año de la Fundación El Libro) me atrapó —tengo una debilidad por los textos que inician con epígrafes de temas de Radiohead—, pero lo fundamental es que allí se plantea si luego de monstruos de la literatura vale la pena seguir escribiendo.

En la contratapa se nombra a Kafka, Murakami y Miyazaki. Como si cuando uno se enfrenta a un autor nuevo tiene que sí o sí meterlo en alguno de los cajones preexistentes, no importa si nos gustan o no.

La distopía: una niña muda, inteligente e intrépida. Un padre exviolinista que trabaja redactando epitafios de esos que uno quisiera tener en su lápida al morir. Una vida de pequeñas alegrías y grandes privaciones. Una madre desaparecida. Un gobierno totalitario, un asesino difuso que todo lo alcanza. Una pareja de ancianos titiriteros. Un disimulado teatro de marionetas en el que termina de cobrar forma la historia que el narrador no quiere contar.

“Uno recordaba que el mundo había sido distinto, y hasta hacía poco tiempo. ¿Pero en qué? Esta era la pregunta que carcomía a los que no podían evitar hacerse preguntas”.

Estos pocos elementos le bastan a Jesse Ball, narrador, poeta e ilustrador (Nueva York, 1978) para ofrecernos una novela profundamente conmovedora (la tercera a su haber, primera en ser traducida al español).
Esta es una obra engañosa, se lee con facilidad pero a ratos es hermética, casi como un voto de silencio que guarda todo el dolor y la extrañeza y la perplejidad que conlleva estar vivos.

Gracias a una serie de ardides tipográficos, diálogos y pausas, Ball logra presentarnos, muy a su manera —con una prosa sobria y exacta—, una especie de teatro aleatorio en cada página en el que bien podríamos ser los lectores sus marionetas y plantear con su obra, no si vale la pena seguir escribiendo, sino una nueva forma de leer, de experimentar la lectura.
Quid rides?, mutato nomine de te fabula narratur (Vos, ¿de qué te ríes, si cambiaras el nombre sería tu historia?) —dice una cita de Horacio.

Es cierto y Jesse Ball nos lo recuerda.

En este enlace de la editorial pueden leer el primer capítulo de la novela.

5 de septiembre, Día Internacional de la Mujer Indígena

“Por eso yo digo a los jóvenes de ahora que quieren cosechar, que paren duro, estamos con la dictadura todavía, con el cuchillo al corazón y con una soga al pescuezo; así quieren asesinar y al campesino pobre ca no van a dar nada, que no tenemos orden ni derecho ni ley para coger las haciendas no siendo que para servir alimento a hospitales colegios…

Pero nosotros no tenemos que dejar nomás. Tenemos que seguir en lucha como antes hemos hecho viejos.

Así estamos viviendo ahora, así hemos vivido y luchado más antes. Así tenemos que seguir en lucha, recordando tiempo de antes…”

Tránsito Amaguaña en Yo declaro con franqueza (Yánez del Pozo, 1988: p. 37)

Este 5 de septiembre se conmemora el Día Internacional de la Mujer Indígena en honor a la heroína aimara Bartolina Sisa, mujer de temple y honor que fue asesinada y descuartizada un 5 de septiembre de 1782 en la Plaza Mayor de La Paz, Bolivia, por haberse opuesto a la dominación y la opresión de los conquistadores.

Esta fecha fue instituida en el Segundo Encuentro de Organizaciones y Movimientos de América en Tihuanacu, Bolivia.

Bartolina Sisa, hilandera y tejedora, fue la esposa de Julián Túpac Katari, ambos batallaron contra el ejército realista. Ella fue líder de batallones indígenas, organizó un escuadrón de guerrilleros y también grupos de mujeres colaboradoras de la resistencia frente a los españoles en los diferentes pueblos del alto Perú.

En su nombre se decidió recordar a todas las mujeres indígenas incansables, expuestas, que con orgullo y dignidad enfrentan un sistema socio-político-cultural y económico racista que siempre que puede, las discrimina, las violenta de múltiples formas y las excluyen doblemente por ser indígenas y por ser mujeres. En Ecuador han habido y hay miles de mujeres indígenas destacadas que han generado grandes cambios construidos con pequeñas conquistas.

Dolores Cacuango

Bartolina Sisa

Tránsito Amaguaña

 

Derechos específicos de las mujeres indígenas

  • Derecho al respeto de la identidad cultural del pueblo al que pertenecen.
  • Derecho a su identificación como integrante de un pueblo indígena específico.
  • Derecho a no ser asimiladas ni obligadas a aceptar prácticas culturales ajenas y que atenten contra su propia identidad cultural.
  • Derecho a modificar costumbres y tradiciones sociales, culturales, económicas que dañen o afecten su dignidad.
  • Derecho a recuperar, como integrantes de un pueblo indígena, ciertas prácticas y tradiciones que las favorecen y dignifican como mujeres.

Librerías para niños y animación a la lectura

Comparto con ustedes la reproducción de mi artículo sobre Librerías para niños y animación a la lectura publicado en la revista de7en7.

«Las librerías nunca deberían desaparecer. Ni siquiera en tiempos de crisis. La sensación de escoger un libro entre cientos de títulos siempre será placentera. Solo en las librerías —aunque es posible disentir— perdemos la noción del tiempo mientras fisgamos en las estanterías donde se acurrucan toda clase de libros: relatos de ciencia ficción, obras literarias, best sellers.

En estos espacios es fácil sentirse como en casa. Hay muchas librerías que han adecuado espacios, con sillones confortables para sentarse a leer sin miedo. Pero estos refugios no solo están pensados para los más grandulones, sino también para quienes han aprendido a leer hace apenas unos cuantos días: los niños.

No se trata de espacios convencionales, sino de rincones dedicados al entretenimiento didáctico, donde también se pueden organizar talleres, sesiones de magia, cuentacuentos… Con esa lógica se han creado librerías concebidas para los niños, para que descubran tempranamente el placer de la lectura, para que se acerquen de un modo emotivo y lúdico a esos objetos que pueden hacer que el universo se expanda mediante un proceso de adquisición de conocimiento.

Son muchos los que decidieron hacer del amor a los libros su modo de vida. Crear una plataforma y un mecanismo para formar más y mejores lectores. Aunque es posible que un adulto se ‘enganche’ con un libro y continúe siendo lector, este es, sobre todo, un hábito que se adquiere a temprana edad. Así nos aseguramos que el amor por la lectura nunca desaparezca.

De alguna manera, quienes están al frente de estas librerías tienen un gran desafío: inocular el gusano de la lectura de la forma más entretenida posible a los más pequeños. Si la estrategia funciona, habrá razones para creer que el mundo tendrá más devoradores de libros…».

Editorial de Andrea Rodríguez B.

Pirata

 

Mi primer acercamiento con la literatura no fue, necesariamente, un encuentro con los libros, o al menos no de una manera consciente. Cuando era niña mi papá viajaba mucho y cuando estaba en la ciudad solía atrasarme al recorrido de la escuela para que él me llevara. En el trayecto recitaba poemas y relataba historias. Con el tiempo descubrí que esa —que yo creía prodigiosa— memoria de mi papá, tenía sus fallas, pero que existía un dispositivo, una especie de prótesis, que podía hacer que la ‘Leyenda del cedrón’ volviera a situarse en la misma estancia con sus puntos y comas. Más tarde descubrí también que esas extensiones de la memoria en formato escrito podían comprarse y entrar a donde las vendían era mi versión de llegar al paraíso.

La primera vez que entré a una librería no era ya una niña, hasta entonces habían bastado las bibliotecas de la casa y de la escuela, pero cuando llegué a esa casona fue como descubrir un nuevo universo. Volví continuamente hasta que algunos años después llegué para quedarme y dedicarme a leer y a acercar esos descubrimientos a más personas. En ese entonces estaba segura de que todos los niños del mundo se merecían saber que los libros no solo eran extensiones de la memoria sino también pasadizos a mundos nunca antes imaginados y decidí permanecer en la sección infantil, porque era mucho más fácil y real hacer que un niño se enamore de la biblioteca del capitán Nemo o de los personajes de Tonke Dragt que un adulto de Slavoj Žižek.

Lo mismo que me pasó a mí ha sucedido con otras personas que decidieron hacer del amor a los libros su modo de vida. Crear una plataforma y un mecanismo para formar más y mejores lectores. Ciertamente es posible que un adulto se ‘enganche’ con un libro y continúe siendo lector, pero un hábito que se adquiere a temprana edad, difícilmente podrá ser eliminado.

Con esa consigna se han creado librerías especialmente pensadas para los niños, para que descubran tempranamente el placer de la lectura, para que se acerquen de un modo emotivo y lúdico a esos objetos que pueden hacer que el universo se expanda mediante un proceso de adquisición de conocimiento. Existen también librerías que si bien están pensadas para adultos, tienen áreas especialmente destinadas para los más pequeños.

¿Qué diferencia a una librería para niños de una de adultos?

Pues no únicamente los contenidos y la adecuación del espacio. Las librerías para niños generalmente buscan crear las condiciones para fomentar el hábito lector en distintos ámbitos; surten directamente a los niños —que son su público objetivo—, a los padres, a escuelas y bibliotecas y promueven la creación de circuitos a partir de programas de animación a la lectura que estimulan el interés por los libros (como objeto) y sus contenidos. Tal es el caso de las librerías especializadas El oso lector en Quito y Giving tree books en Cumbayá, además de los rincones especiales de LibriMundi, Mr. Books, Librería Española, Studium, etc.

Carolina Bastidas tiene una maestría en Literatura infantil y es propietaria de El oso lector. Relata que su librería nace a partir de la necesidad que existe en la ciudad por un lugar dedicado especialmente a los libros para niños y jóvenes. “La mayor parte de los libros que tengo son libro ilustrado y libro álbum, en ediciones muy bien cuidadas, con autores e ilustradores destacados (algunos conocidos mundialmente pero de los que acá no se sabe nada, y otros emergentes)”.

El oso lector nació hace 4 meses con la idea de ser un referente en librerías infantiles en la ciudad y de la literatura infantil local y del mundo. Tiene proyectos de fomento a la lectura en la librería y a partir de ella.

Giving tree books, en cambio, menciona en su página web que es una librería dedicada a los niños que se estableció en 2005. Nació como “un pequeño proyecto de una educadora con una creencia firme en la importancia de los libros en las vidas de los niños y jóvenes y la necesidad de proveerles con literatura de calidad, en inglés y español”.

Además de libros para cada edad, desde maternales hasta best sellers para adolescentes, Giving Tree Books tiene otro tipo de materiales y soportes para a impulsar las destrezas lectoras (títeres, rompecabezas y literatura especializada para padres y maestros).

¿Qué es y para qué sirve la animación a la lectura?

Borges decía que un libro que nadie ha leído no es más que un cubo de papel con hojas. Es la lectura la que da importancia, proyección y existencia a lo que el autor escribió.

Guglielmo Cavallo y Roger Chartier en Historia de la lectura en el mundo occidental (1997) hacen una reflexión de la lectura como proceso histórico; plantean, a partir del paso de literatura oral al registro escrito y, ahora al uso de las nuevas tecnologías, que las competencias (o facilidades) tecnológicas no suplen las competencias críticas. Que es necesario tener un proceso de apropiación del libro y la consecuente aprehensión de los contenidos desde la propia experiencia del lector. En esa medida, la animación a la lectura es un proceso de aprendizaje intencionalmente formativo. Su objetivo final es acercar el sujeto al libro. Supone el paso de una lectura básicamente pasiva y decodificadora, a una lectura activa que permita profundizar en los contenidos para obtener respuestas. Divertirse, soñar, aprender, recrearse y tener conocimiento sobre los más variados temas puede ser parte del proceso. Pero también es importante recordar que la lectura no es un acto edulcorado e inocente; es un proceso consciente y requiere también de una dosis de esfuerzo y determinación.

Este tipo de actividad utiliza diferentes estrategias que combinan acciones creativas para lograr que los lectores sientan motivación e interés por la lectura y desarrollen la capacidad lectora y el cultivo de destrezas (análisis, síntesis, comprensión, autodeterminación).

Pensar también que leer es la única forma de acercarse a la literatura, puede ser errado, mucho más si pensamos en que estamos en una cultura que se enriquece por una gran variedad de relatos orales que dan cuenta de un vastísimo universo (si no, recordemos la facilidad con que las abuelas nos construían mundos contándonos leyendas, o cómo hemos podido conocer nuestras historias familiares a partir de lo que nos cuentan nuestros papás).

 

Consejos para formar lectores desde casa

  • Hacer que el libro sea un objeto cotidiano y no un ‘objeto de culto’; es decir que el libro tiene que ser algo cercano, como un lápiz que lo mismo puede estar en una mesa de la sala, en una biblioteca o en el cuarto. Es importante que los niños puedan tener un contacto directo y sentir al libro casi como un juguete con el que se pueden divertir y al que deben cuidar.

  • Gianni Rodari, pedagogo, decía que “Nunca se debe ordenar leer un libro a nadie. Lo mejor es sugerir, mostrar, indicar aquellos libros que nos parecen los mejores, para que nuestros hijos (…) se diviertan y aprendan”. En esa medida debe haber una combinación de lo que a los niños les gusta y lo que queremos que aprendan.

  • No hay que presionar, como la lectura debe tener un proceso de apropiación que parte también de la experiencia previa, no te desesperes si tu hijo prefiere un libro recomendado para una edad mayor o menor. En algún punto encontrará su propio ritmo y sus gustos.

  • Si un libro no nos gusta no tenemos por qué leerlo.

  • La lectura también es un acto de complicidad y de ejemplo. Si tenemos papás y profesores que no leen o que no leen con los niños, ¿qué podemos exigir?

  • Se debe procurar que los niños manejen el mayor número posible de lecturas; es decir que se busque que a sus manos lleguen desde libros de terror hasta de aventuras o de ciencia ficción o periódicos. Cuantos más libros tengan a su alcance, más fácilmente lograremos que sean capaces algún día de elegir críticamente.

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Sobre cómo llegó la quinua desde el cielo hasta el altiplano

Más de uno se ha sentido como Mafalda frente a la sopa alguna vez en su vida. A mí me pasaba los lunes con la sopa de arroz de cebada con col. Sin embargo, nunca me pasó con la sopa de quinua con maní y carne de cerdo que hacía mi abuelita y que es hasta hoy mi plato favorito en todo el universo.

Y como nos gusta mucho que nos pidan que escribamos y que escribamos sobre cosas que nos gustan, leyendas y comida, por ejemplo, aquí una colaboración para la revista de7en7.

El artículo completo se puede encontrar también en Sobre cómo llegó la quinua desde el cielo hasta el altiplano

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Los Amantes

Hace unos minutos recibí en mi escritorio un sobre, cuando lo abrí, la cara se me iluminó…

De el Pibe a la Osita:
…otra vez empezar a quererte,
otra vez encontrarte en el café de la mañana
sin que tanta cosa irrenunciable hubiera sucedido.
Y no tener que acordarme de este olvido que sube
para nada, para borrar del pizarrón tus muñequitos
y no dejarme más que una ventana sin estrellas.

Los amantes_Alex Sánchez

 

Los Amantes (Cuentos ilustrados). Relatos cortos desde la ficción de José María de Pieznahui. En una narrativa poética por bajos de San Anselmo, el Pibe y la Osita se pasean por escenarios tan dispares como el destino, las despedidas, el fútbol, la evolución de hombre, los sueños, la muerte soñadora y el dulce ajenjo del suicidio.
Todo confluye en una misma sustancia, en una misma nostalgia; su imposibilidad va más allá de los desamores y la lenta agonía de las sábanas.
Sí, los amantes cocidos el uno al otro por la espalda ven por separado sus días venideros. ¡Nada y casi todo los ata! 
Será, pues, una justicia que sus pasos vayan más allá del alba o del ocaso; será feliz el álgebra luna y la misma mano del destino jugando, tan traviesos, con sus hilos ya enredados.

Álex Sánchez

El Centro Cultural PUCE y Veit Editores presentan el libro Los amantes del poeta y escritor Álex Sánchez en donde se reúnen 18 cuentos ilustrados por IoCh y Lenin Dávila. Paralelamente se proyectará un cortometraje basado en el contenido del libro, que ha sido dirigido por el mismo autor y una exposición realizada por Freddy Coello en donde el público podrá adentrarse en las historias de “Los amantes”.

Boletín_Los amantes

 

Porque siempre es un gusto presumir de los amigos, más cuando los amigos tienen proyectos que nos emocionan. Este jueves, a las 19:30, estaremos en primera fila en el Centro cultural de la PUCE para ver cómo se iluminan los rostros de la gente.

El pan de cada día

He visto a gente en los locales de ‘fas fú’ comiendo sin hambre, con la cabeza gacha y los ojos perdidos. Los he visto, te lo juro, masticando como si ingerir los alimentos fuera parte de un proceso intermedio entre escoger el pan, los vegetales, pasar la tarjeta y cagar antes de volver a sus diminutas estaciones de trabajo en la oficina.
Hay quienes se sientan frente a las ventanas a ver el mundo pasar, contemplando a la gente en bicicleta con un poco de nostalgia, como diciendo “yo también estaría ahí si no hubiese olvidado ponerme el bloqueador solar…”.
mujer

Ni una mujer menos / Justicia para Vanessa

Este artículo fue publicado en el N° 34 de la Revista Aportes Andinos de la UASAB

Justicia

Imagen cortesía de la plataforma Justicia para Vanessa

En 1927 apareció “Un hombre muerto a puntapiés” de Pablo Palacio; relato de ficción que transformó el panorama de la literatura ecuatoriana, quizá hasta nuestros días.

El relato narra la historia de un lector obsesionado con ahondar en la causas del asesinato a puntapiés de Octavio Ramírez de 42 años. Extranjero.

En 2013 (19 de octubre para ser precisa) un hecho similar apareció en los diarios. Se trataba del caso de Vanessa Landinez, mujer de 37 años que fue brutalmente asesinada —también a puntapiés— en un hotel de Ambato.

La suya, a diferencia de la historia que relata Palacio, no transformó la literatura ecuatoriana, pero sí unas cuantas vidas. La de su hija Raffaella principalmente.

-II-

La semana pasada en una reunión familiar y ya con varios tragos encima, el rato de los chistes alguien comentó “a ver, ¿en qué se parecen las mujeres y las leyes? …En que a las dos hay que violarlas”. Todos en la sala se rieron pero yo me molesté y salí a fumar un cigarrillo mientras pensaba “esto está mal, muy mal. Lo peor es que si la gente se ríe de eso es porque lo tiene metido en el hipocampo… —esa región de nuestro cerebro que reacciona ante algunas emociones y que está ligada directamente con el lenguaje, con la risa y con la memoria—“.

¿Qué fue lo que en lugar de confrontar a quien contó el ‘chiste’ y a la gente que rió haciéndole ver que aquella frase no había nada de gracioso, hizo que mejor saliera a fumar indignada, pero callada?

Que la violencia a todo nivel está naturalizada y que no nos damos cuenta —o no me di cuenta en ese momento— que igual de canallas somos quienes violentamos que los que vemos y no hacemos ni decimos nada.

-III-

Hace poco leía a una amiga que decía que llegó a un país creyéndose persona y se marchó sabiéndose mujer. Pensé alguna vez que habrían días en que se me olvidaría que soy mujer y que podría imaginar, digamos, que soy poeta, que soy estudiante o transeúnte, así a secas, sin marcador de género incluido. Que podría olvidar por ejemplo que en las matemáticas, a las mujeres, nos redondean hacia abajo, más aún si somos ‘distintas’, de esas que no se conforman, las que podrán tener un compañero pero no un marido, esas a las que les han ‘facilitado’ tanto la vida con los electrodomésticos que ahora son unas carishinas. A las mujeres nos redondean hacia abajo o nos siguen contando como ceros a la izquierda (menos para contar a las que se mueren, ellas sí que suman).

Soy mujer y no tiene que ver nada más con mi cuerpo, con que explore esos terrenos de la feminidad que no van de acuerdo con el rosa. Soy mujer y me merezco y me gusto y me sigo condenando a veces, muero por mi propia boca cuando digo: este es mi cuerpo, esta es mi voz, así pienso.

Construyo un mundo y derribo una muralla.

-IV-

4’127.736 Parece un número cualquiera, pero, ¿qué pasa si a cada número le ponemos un nombre? Bien podría ser Clara, Rosa, Laura, Vanessa, Andrea, Ruth, Raffaella —miles de etcéteras que incluyen tu nombre, el tu madre, el de tu hermana, el de tu hija y hasta el de tu mejor amiga—; ese el indicador (6 de cada 10) de mujeres en Ecuador que han sido víctimas de violencia. Desde aquella a la que le gritaron por la calle: “¡Estás buena, mamita, ven para comerte!”, hasta aquella que tuvo que aguantar que personal de la comisaría le dijera: “Y usted, ¿tiene trabajo?, ¿con qué va a mantener a sus hijos si le deja a su marido?”, cuando fue a denunciar los golpes de la borrachera de la noche anterior.

-V-

Siempre pensé que sobre la violencia contra la mujer había mucho que decir, pero no es cierto. Para describir el dolor, el horror y la muerte no alcanzan las palabras.

Esta nota fue publicada en la plataforma Justicia para Vanessa en agosto de 2014. En la revista Pikara pueden encontrar un artículo sobre el errado manejo mediático del caso y la tendencia a culpar a las víctimas por ser sujetos de violencia. Afortunadamente, también hay acciones que aportan a la construcción de un mundo distinto para eliminar la violencia machista.

La calle siempre fue la mejor cancha

Me siento, hablando de fútbol, como la intelectual que no quiere salir del clóset. El fútbol no me gusta, ¡me encanta! Sin embargo, durante los cuatro años que tarda en llegar el Mundial puedo disimular muy bien que sé qué es un hat-trick frente a mis amigos ―fervorosos lectores de Borges (aquel que decía que el fútbol es universal porque la estupidez es universal)―; puedo esgrimir también ―y con consciencia― todos los argumentos en contra que me enseñó el haber estudiado sociología: la violencia innecesaria, el racismo, los sueldos desmedidos de los jugadores, el chovinismo, los golazos que nos meten con la ley de aguas mientras hay partido y demás. Pero lo que no puedo, ni por un segundo, es dejar de decir que tiemblo cuando se cobra un penal en algún partido; pero más que eso, cuando pienso en fútbol, pienso en mi papá contándome cuando jugaba en la calle en la ciudadela México y había una frase, que para un niño, lo resumía todo en el mundo: “si ponchas el ‘bleris’, me respondes”.

Hace algunos años llegó a mí La Cofradía de los Celestinos de Stefano Benni (Siruela, 1994), una irreverente crítica a nuestra sociedad en la que un grupo de niños huye de un orfanato para participar en el Campeonato Mundial de Baloncalle, desencadenando una furiosa persecución por parte de los poderes fácticos de Gladonia. El Gran Bastardo, enigmático e invisible inventor del anhelado y muy secreto torneo, ha elegido a Memorino, Alí y Diostecríe Luciano, alias ‘Lucifer’, del orfanato de Santa Celestina, como uno de los equipos que se debatirán el primer lugar jugando bajo el nombre de La Cofradía de los Celestinos. Los niños van en busca de los míticos hermanos Finezza, glorias del baloncalle, y en su periplo nos enseñan un universo lleno de la tenacidad perpetua e inocente de las causas infantiles y la ilusión de bienestar en un mundo sobreexplotado y triste. Yo pensaba que algo así debía existir y que sería maravilloso y me dormía pensando en que ojalá los niños no tuvieran que comer nunca más la col que les daban los padres Zopilotes en el orfanato.

Mientras se desarrolla la Copa de la FIFA con toda su cara oscura, en Brasil, del 1 al 12 de julio tomará lugar el Mundial de Fútbol Callejero. A él irán siete jóvenes que conforman la selección ecuatoriana (4 varones y 3 mujeres). Este otro Mundial reunirá a 300 jóvenes en situaciones de riesgo provenientes de 26 países de todo el mundo. El evento es organizado por el Movimiento de Fútbol Callejero, una red que se expresa como una fuerza política en defensa de los derechos humanos, de la paz y de la diversidad. Los equipos están conformados por jóvenes que se han destacado en sus comunidades y, mediante el juego, han adquirido herramientas para afrontar la vida.

Las reglas, como en cualquier partido de la calle, se concilian entre los 2 equipos. (Como cuando decías: “es falta si el otro se lastima o llora”; o si ya es muy tarde: “mete gol, gana”; “el partido se acaba si al dueño del balón le llama la mamá…”). Aquí no hay árbitros sino mediadores que facilitan las etapas del juego y el diálogo entre los participantes. De esta manera, el mismo juego que a ratos nos da sarna y nos indigna, se torna una herramienta poderosa para la mediación de conflictos, formación de liderazgos, desarrollo de grupos y organizaciones comunitarias. Se mantienen la alegría y la ilusión. Uno puede salir cantando como esos niños que menciona Galeano en Fútbol a sol y sombra: “ganamos, perdimos pero igual nos divertimos…”.

El 12 de julio se jugará la final en un estadio montado en una de las avenidas principales de la ciudad de Sao Paulo, la av. Ipiranga. Me habría encantado que mi papá-niño y los Celestinos pudieran ir a jugar.

 

Esta columna fue escrita para una revista local, pero en vista de los últimos acontecimientos, mejor que viva en el blog.

Si falta una, faltamos todas

Estos 98 pares de zapatos representan a algunas de las mujeres que han sido víctimas de feminicidio en Ecuador.

ImagenFotografía de Pavel Calahorrano/ El Comercio-Ecuador

El informe Femicidio en Ecuador, publicado en enero de 2011 por la Comisión de Transición hacia el Consejo de las Mujeres y la Igualdad de Género, refiere que “las parejas, exparejas y los familiares son responsables de aproximadamente el 76% de feminicidios”. La mayoría de casos se ha reportado en mujeres que fueron atacadas por sus convivientes. El documento añade que en un 33,9% de los 62 casos estudiados se utilizaron armas de fuego y en un 29%, armas blancas.

Según datos de la Fiscalía, entre 2012 y 2013 se registraron al rededor de 130 asesinatos de mujeres que podrían ser atribuidos a la violencia machista.

Ayer, Día Internacional de la Salud de la Mujer, el colectivo Justicia para Vanesa realizó la acción artística ‘Zapatos rojos’. Este acto simbólico y de protesta inició en julio de 2012 en Ciudad Juárez, donde decenas de zapatos rojos fueron colocados en la plaza de armas con el fin de denunciar la violencia contra la mujer. Elina Chauvet, quien encabezó la protesta, menciona que:

Es a través de la ética y la estética, a través de la ausencia y la visibilidad que los Zapatos Rojos nos muestran el vacío dejado por las hijas, hermanas, madres y esposas.

[…] Zapatos Rojos es un encuentro del arte y la memoria colectiva. Busca en su andar solidaridad entre los pueblos para con una ciudad donde el asesinato y desaparición de mujeres es un hecho cotidiano, también genera una reflexión en las ciudades y países donde se presenta ya que provoca hablar de un tema cada vez menos oculto como es la violencia en contra de las mujeres.

Según datos Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), 6 de cada 10 mujeres sufren violencia de género en el país.

Justicia para Vanesa

Ni una mujer menos

Mañana, viernes 30 de mayo, se dará sentencia al caso de feminicidio de Vanessa Landinez Ortega, asesinada a golpes el 19 de octubre del 2013 en un hotel de Ambato. ¿Cuánto tiempo más llevará darnos cuenta de que la violencia es inaceptable; que el patriarcado anula, asesina; que no podemos vivir con miedo; que la indiferencia nos vuelve igual de culpables?

Una vez me enseñaron que, como con las fotografías que quitamos de una pared, los vacíos que quedan resultan ser aún más significativos… Pasa eso con nosotras: si falta una, faltamos todas.

Y ahora que tu no estás, ¿qué nos queda?
¿Un montón de zapatitos rojos
con epitafios bajo las huellas?
Un archipiélago de dolores.
Una memoria avergonzada.
Esa memoria también perecible.

Debemos reconstruir el camino de la vida
recuperar ese cuerpo mío, tuyo
que ha sido territorio prometido,
conquistado
arrebatado durante tantos siglos.
Zapatos.
Solo zapatos.
Epitafios como huellas.

Andrea Torres Armas

Inicia el censo de Correctores de Textos en Ecuador

La Asociación de Correctores de Textos del Ecuador (Acorte) publica la encuesta que servirá para realizar el diagnóstico de la profesión en el país. El censo se hace con miras al proceso de profesionalización. Las preguntas servirán para conocer cuántos correctores hay en el país y qué tipo de instrucción tienen, así como la experiencia con la que cuentan en esa área y las condiciones en que se desarrolla su trabajo.

Previamente la Acorte realizó gestiones ante el Consejo de Regulación y Desarrollo de la Información y Comunicación (Cordicom) para que, al igual que a los fotógrafos, se los incluya en el proceso de profesionalización, para que así obtengan su acreditación, ya que en el Ecuador no existe la carrera.

La Acorte hace un llamado a los correctores de textos tanto independientes como en relación de dependencia para que se inscriban y se unan a esta iniciativa. Los interesados deben llenar una encuesta disponible hasta el 30 de junio en el enlace: https://es.surveymonkey.com/s/correctoresecuador_censo

Para más información contactarse a los teléfonos: 099 565 4117, 097 997 9098, 099 409 7739 o al correo acorte.ec@gmail.com.

Guaya-kill city nos va a reventar…

“La entrada es gratis, la salida vemos…” dice un tema de Charly Gracía. Así se resume lo que nos pasa con Guayaquil: llegamos, nos trata bien, nos da de comer y beber, ¡hasta bailamos!, siempre pensando que algo malo va a pasar pero nunca pasa —hasta el final—. El momento en que tenemos que irnos, nos da la patada.

El saldo que tiene Guayaquil con nosotros incluye una nariz fisurada, $ 2.500 en equipos de música perdidos por robo, dos pérdidas de vuelo en un mismo día, y claro, la joya de la última visita. No sé por qué insistimos en volver.

El viaje de vuelta a Quito desde Guayaquil empezó el domingo a las 13:30 cuando salimos del hotel camino al terminal de Transportes Ecuador.

Domingo Día de la Madre: A las 14:00 partió la unidad en medio del típico calor sofocante al que no hay neuronas que puedan sobrevivir.

Las primeras horas de viaje fueron comunes y sin mayores sobresaltos: se proyectaron las clásicas películas de violencia innecesaria que todos amamos, las señoras se quejaron porque el baño no estaba abierto y había que llamar cada vez al oficial ―un guambra medio mal genio al que parecía molestarle hacer su trabajo―; se dieron las paradas respectivas en Babahoyo, Quevedo y a las 20:00 en Santo Domingo para comer, la mayor parte del camino ya había sido recorrida.

Hora y media después, el bus se detuvo en en medio de la nada y el chofer pasó donde los pasajeros. “Señores, tengo que informarles que no podemos pasar porque ha habido un ‘derrumbo’ más adelante, por Tandapi, por el aguacero y está cerrado el paso; por Los Bancos tampoco podemos ir porque por ahí se ha ido la mesa de la carretera, vamos a tener no más que esperar aquí”, y dicho esto, el bus estalló en reclamos y en llamadas telefónicas para intentar avisar que nos habíamos quedado. No faltó quien increpara al conductor por no haber previsto el percance del que seguro debían haberle avisado temprano, hubo quien propuso que “en lugar de estar perdiendo el tiempo aquí mejor vamos por Riobamba”. Se hicieron miles de preguntas sobre las posibilidades, otras tantas quejas porque “¿cómo es posible que no haya maquinaria con estos aguaceros?” y alguien respondió: “porque resulta que hasta los maquinistas tienen mamá”. Todos opinaron y se llegó a un consenso, habría que esperar lo que autorizara la central desde Quito, si permitían el uso de una ruta alterna habría que apoyar con dinero para el diesel. Por ahí alguien gritó “bueno jefe, pero mientras, ponga una peliculita…” y el bus en pleno estalló de nuevo, pero en carcajadas.

Mientras se esperaban noticias, el chofer de otro bus de la cooperativa Macuchi haría de avanzado en una camioneta para ver si se podía pasar. Conforme pasaban los minutos la fila iba haciéndose más larga y solo se escuchaban los ecos de la radio haciendo los últimos reportes del estado de la vías y unos cuantos borborigmos. Al final, lo que se decidió fue que todos los buses debían volver al paradero en santo Domingo y esperar hasta las 6:00 a que llegue la maquinaria. Y así se hizo.

La noche pasó entre juegos de cartas y cafés. Dieron las 6:00 y todavía no había paso, para entonces la policía ya regulaba la llegada de nuevos vehículos. Cerca de las 8:00 los buses empezaron a salir para ganar puesto en la fila de salida. Cerca de las 11:00 aún no llegábamos al mismo punto donde el bus se tuvo la noche anterior cerca de Alluriquín. A las 11:40 los buses empezaron a encender motores y avanzar despacito. A las 13:43 el bus llegaba a la terminal de la Juan León Mera, cerca de 24 horas después de haber empezado el periplo.

El viaje no hubiera sido tan malo si a algunos de los que pararon a comer, la merienda no les hubiese dado —como se dice vulgarmente—­ ‘churreta voladora’. Yo incluida…

¿No me cree, pinche aquí para que vea?  Las desgracias de la gente son noticia.

Baires y esos pétalos de sal

Una nunca puede estar segura de haber estado ahí, pero tiene fe en lo que dicen las fotos.

Cúmulo de imágenes más que desordenadas de lo que nos trajimos del sur. Hay capturas, claro, que no caben en ninguna cámara y otras, que por lo fijas que están, no requieren otro soporte que el que se carga sobre los hombros. Que la cámara se quede sin batería juega también un papel importante…

Lollapalooza_entradas

Lollapalooza 2014

Lollapalooza

Lollapalooza 2014 Hipódromo San Isidro

Bandoneon

Buenos Aires, Camininito

Casa Rosada

AndyT_smile

Andrea Torres Armas, San Telmo

Tango  Quilmes_sushi  nosotros que nos queremos tanto

Mafalda en San Telmo

Ateneo

Librería Ateneo Gran Splendid

Bibliofilia

Bibliofilia, street art

Tobi_plaza

Tobi Mena, afueras del Teatro Colón

Luz     cuerdas  La fe  Caminito

Spinetta

Illya Kuryaki and the Valderramas, homenaje Luis Alberto Spinetta

Savages

Savages

Pixies

Black Francis, Pixies

Illya Kuryaki and the Valderramas

Vampire weekend

Vampire Weekend

Red Hot Chilli Pepers

Red Hot Chilli Pepers

Lollapalooza 2014

Lollapalooza 2014

Soñando en Vindravan y otras historias de ellas

Y bueno, resulta que un día encontré en mi bandeja de entrada un mensaje que decía: “Soñando en Vindravan ya es una realidad”. Tras años de abulia escritoril y bloguera, la noticia de la publicación de uno de mis relatos ‘Inferno, estación penthouse’ en el libro Soñando en Vindravan y otras historias de ellas, me sacó del letargo.

Mi relato fue escogido como uno de los finalistas del Premio Internacional de Narrativa Femenina Bovarismos 2014, organizado por La Pereza Ediciones.

¿Qué van a encontrar aquí? La contraportada responde:

El lector encontrará en sus páginas ficciones escritas por mujeres, sí, mas no literatura feminista, ni siquiera literatura femenina, sino simple y llanamente, Literatura, así, con mayúscula.
Las historias transitan del amor al desamor, de la cercanía a la distancia, del placer más puro al más insondable dolor. Pasan, eso sí, todas pasan, por la voz de una mujer, pero no de una mujer cualquiera, sino del tipo de esas que tienen mucho que decir.

Y ya, si se les antoja leer esas historias pueden adquirir el libro en este enlace de Amazon.

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Saludos, señoras y señores. Luego de esta noticia, me voy cantando y bailando…