En sus ojos veo los rosotros

Un escrito mío, a los tiempos…

Camino

Te veo en ese Perú de tus veinte años
en esas caminatas infinitas
en las huellas
en las Polaroid de tu cara
a punto de cumplir veintiuno
y amar a dos mujeres
y comprar una guitarra.

Te veo en esos ojos de los niños
como nosotros, perdidos,
hambrientos
sin mañana
con frío y con sueño.

En esa montaña sagrada
no hace mucho descubierta,
en ella tras su cámara
amándote
inmortalizado en su cabeza.

En esas fotos de chaquiñán hacia el misterio
en la arena del desierto
en los fragmentos irrecuperables
tras las lágrimas y el duelo.

En esa hoguera que se extingue
como tú a tus veinte
antes de caer,
de ser el ángel en la memoria
y el olvido.

Te veo morir en la mañana
entre los aviones
tu agonía en mis manos y en mis ojos
en esos olores
de Quri Kancha y café irlandés.

Te veo morir y tú muerte
me delata.

 

Silencios

Hay días en que se puede decir mucho, pero no estoy segura si hoy saldrá algo bueno. Hay días también donde hay mucho de lo bueno para celebrar.  Otros que te dejan pensar en los muertos, en los sueños que llegan maravillosamente en la noche, en miles de imágenes, en ellas tan lejos, en él y el fúlbol…

Hay días en que prefiero los silencios y ver al cielo.

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Canoa, Manabí

Fotografía: Andrea Torres Armas

 

Quito

“Lo único que sé es que si uno ama una ciudad y pasea por ella lo suficiente, años después el cuerpo, y no sólo el espíritu, reconoce de tal manera sus calles que un momento de amargura sazonado por la nieve que cae melancólicamente vuestras piernas son capaces de llevaros por si solas a la cumbre de una colina querida.”

Orhan Pamuk -Me llamo Rojo-

Me encanta que Quito no tenga metro, me parece justo. Quito no es una ciudad, es un lapso, es abismo y déjà-vu. No importa que los poetas digan que todas las ciudades son iguales, Quito es irrepetible, cuando empiezas a reconocerla ya ha cambiado. Posiblemente Quito y la luna son lo mismo, o quizás Quito sea una bestia, un cuervo que observa a sus presas desde lo alto.

Ayer con un poco de ron nos apropiamos de Quito incluso de esas calles con olor a cloaca, yo pensaba en esos lunes grises cuando generalmente llueve y la ciudad colapsa y yo sonrío porque es sólo para mí. Pensaba en que aquí conviven la virgen con alas, los perros callejeros, los graffitis que dicen que Quito city quiere cantar, edificios con facha de licuadora y la Compañía. Creo que Quito es como una mujer fantasma, un barco pirata del que no puedes hablar sin que te de nostalgia. Posiblemente quito es innombrable, en su epitafio diría : Siempre volverás a mí.

A veces me da por creer que de tanto vivir en ella, ella a veces vive por mí.

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Estas fotos no son mías, lamentablemente desconozco de quines son, en todo caso se los agradezco.