LAS OLAS, DE VIRGINIA WOOLF | reseña sobre un cuerpo que lee

Yo

Leo. Me acuesto bocabajo y noto cómo, de repente, mi cuerpo emula el vaivén de las olas.
Se repliega sobre sí mismo.
Se expande y se contrae: mi pelvis como las palabras.
—Sal.
—Silencio.
—Espuma.

Estoy siendo por fuera del tiempo. Me dilato.
Nadie puede acceder a lo que pienso verdaderamente.

La exteriorización de las palabras puede falsear el mundo, pero el cuerpo no puede falsear el ritmo.

Soy las palabras deslizándose desde mis ojos hasta la entrepierna.

Ella


«I am writing to a rhythm and not to a plot».

Virginia Woolf


El espacio entre las dos

Dice Bernardo: «Nuestras palabras nos funden el uno en el otro. Y entre ambos, formamos una especie de territorio impregnable» (p. 11)*.

Eso somos hoy, Virginia. Palabras formando territorios. El pliegue de las olas sobre sí mismas. Aquel que cree que su cuerpo es rizoma y se extiende al universo. Él pasando a ella que piensa en otro. La multiplicidad.


Pienso en esta obra y no puedo dejar de emparentarla con el Ulyses, de James Joyce; En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust y, aunque posterior, La nave de los locos, de Cristina Peri Rossi.

Creo que este texto se podría analizar desde Borriaud y su idea del radicante; desde Deleuze y el rizoma. Pienso en dos elmentos esenciales: la novela como subversión cognitiva y el relato en sí mismo como creador de sentido


* Referencia bibliográfica: Virginia Woolf, Las olas, trad. de Lenka Franulie (Facultad de Ciencias Sociales-Universidad de Chile, 1996-2000).