De epitafios y marionetas / Reseña de Toque de queda

Este artículo fue originalmente publicado en el N° 152 de la revista CartóNPiedra

Sobre Toque de Queda (La Bestia Equilátera, 2014) de Jesse Ball
Por Andrea Torres Armas.

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“La tradición de los oprimidos nos enseña que el estado de excepción
en el cual vivimos es la regla. Debemos adherir a un concepto de
historia que se corresponda con este hecho”.
Walter Benjamin

Está bien, lo admito, hasta que descubrí los libros de Neil Gaiman me saltaba los prólogos —aunque eso es otra historia—. Si uno va a leer un libro no necesita saber qué piensa otro sobre él. Corremos siempre el riesgo de que los prólogos busquen emparentar escrituras, comparen autores, creen herederos innecesariamente, anuncien fábulas y paratextos… Sin embargo, cuando abrí Toque de Queda, el prólogo de Luis Chitarroni (Editor del Año de la Fundación El Libro) me atrapó —tengo una debilidad por los textos que inician con epígrafes de temas de Radiohead—, pero lo fundamental es que allí se plantea si luego de monstruos de la literatura vale la pena seguir escribiendo.

En la contratapa se nombra a Kafka, Murakami y Miyazaki. Como si cuando uno se enfrenta a un autor nuevo tiene que sí o sí meterlo en alguno de los cajones preexistentes, no importa si nos gustan o no.

La distopía: una niña muda, inteligente e intrépida. Un padre exviolinista que trabaja redactando epitafios de esos que uno quisiera tener en su lápida al morir. Una vida de pequeñas alegrías y grandes privaciones. Una madre desaparecida. Un gobierno totalitario, un asesino difuso que todo lo alcanza. Una pareja de ancianos titiriteros. Un disimulado teatro de marionetas en el que termina de cobrar forma la historia que el narrador no quiere contar.

“Uno recordaba que el mundo había sido distinto, y hasta hacía poco tiempo. ¿Pero en qué? Esta era la pregunta que carcomía a los que no podían evitar hacerse preguntas”.

Estos pocos elementos le bastan a Jesse Ball, narrador, poeta e ilustrador (Nueva York, 1978) para ofrecernos una novela profundamente conmovedora (la tercera a su haber, primera en ser traducida al español).
Esta es una obra engañosa, se lee con facilidad pero a ratos es hermética, casi como un voto de silencio que guarda todo el dolor y la extrañeza y la perplejidad que conlleva estar vivos.

Gracias a una serie de ardides tipográficos, diálogos y pausas, Ball logra presentarnos, muy a su manera —con una prosa sobria y exacta—, una especie de teatro aleatorio en cada página en el que bien podríamos ser los lectores sus marionetas y plantear con su obra, no si vale la pena seguir escribiendo, sino una nueva forma de leer, de experimentar la lectura.
Quid rides?, mutato nomine de te fabula narratur (Vos, ¿de qué te ríes, si cambiaras el nombre sería tu historia?) —dice una cita de Horacio.

Es cierto y Jesse Ball nos lo recuerda.

En este enlace de la editorial pueden leer el primer capítulo de la novela.

5 de septiembre, Día Internacional de la Mujer Indígena

“Por eso yo digo a los jóvenes de ahora que quieren cosechar, que paren duro, estamos con la dictadura todavía, con el cuchillo al corazón y con una soga al pescuezo; así quieren asesinar y al campesino pobre ca no van a dar nada, que no tenemos orden ni derecho ni ley para coger las haciendas no siendo que para servir alimento a hospitales colegios…

Pero nosotros no tenemos que dejar nomás. Tenemos que seguir en lucha como antes hemos hecho viejos.

Así estamos viviendo ahora, así hemos vivido y luchado más antes. Así tenemos que seguir en lucha, recordando tiempo de antes…”

Tránsito Amaguaña en Yo declaro con franqueza (Yánez del Pozo, 1988: p. 37)

Este 5 de septiembre se conmemora el Día Internacional de la Mujer Indígena en honor a la heroína aimara Bartolina Sisa, mujer de temple y honor que fue asesinada y descuartizada un 5 de septiembre de 1782 en la Plaza Mayor de La Paz, Bolivia, por haberse opuesto a la dominación y la opresión de los conquistadores.

Esta fecha fue instituida en el Segundo Encuentro de Organizaciones y Movimientos de América en Tihuanacu, Bolivia.

Bartolina Sisa, hilandera y tejedora, fue la esposa de Julián Túpac Katari, ambos batallaron contra el ejército realista. Ella fue líder de batallones indígenas, organizó un escuadrón de guerrilleros y también grupos de mujeres colaboradoras de la resistencia frente a los españoles en los diferentes pueblos del alto Perú.

En su nombre se decidió recordar a todas las mujeres indígenas incansables, expuestas, que con orgullo y dignidad enfrentan un sistema socio-político-cultural y económico racista que siempre que puede, las discrimina, las violenta de múltiples formas y las excluyen doblemente por ser indígenas y por ser mujeres. En Ecuador han habido y hay miles de mujeres indígenas destacadas que han generado grandes cambios construidos con pequeñas conquistas.

Dolores Cacuango

Bartolina Sisa

Tránsito Amaguaña

 

Derechos específicos de las mujeres indígenas

  • Derecho al respeto de la identidad cultural del pueblo al que pertenecen.
  • Derecho a su identificación como integrante de un pueblo indígena específico.
  • Derecho a no ser asimiladas ni obligadas a aceptar prácticas culturales ajenas y que atenten contra su propia identidad cultural.
  • Derecho a modificar costumbres y tradiciones sociales, culturales, económicas que dañen o afecten su dignidad.
  • Derecho a recuperar, como integrantes de un pueblo indígena, ciertas prácticas y tradiciones que las favorecen y dignifican como mujeres.