cuentos de humo

Pie tras pie, bocanada a bocanada la ciudad se consume.  El vaho asciende desde las alcantarillas, siento frío y miedo y quiero encender un cigarrillo o gritar…

Me comería las uñas si las tuviera, encendería una hoguera con todos los diarios y luego, lentamente, poco a poco, como en una ducha de agua fría, me introduciría en ella: primero la punta de los pies y las canillas, giraría lentamente hasta que las llamas rocen ligeramente las caderas, luego los hombros y las manos acariciando las chispas que las bañan, luego la coronilla y cerrando los ojos al fin, empezaría a girar hasta sentirme envuelta totalmente.  Levantaré las manos al cielo y, cercada en llamas, ahuyentaré a los mendigos y a las sombras.

Daría una gran carcajada y me echaría a correr hasta que, finalmente, exhausta y totalmente desnuda, me detenga en una esquina a llorar desconsolada porque me han dicho que no existe.

Caminaría de nuevo lentamente, paso a paso, pie tras pie, manos en los bolsillos en dirección a casa.  Desbarataría cajas de papeles que afirman una fantasía.  Me revolcaría en el piso gimiendo de rabia y de rencor intentando rellenar con páginas de árboles caídos agujeros en el piso que conducen a la veintiuno dimensión.

Me echaría a llorar, seguro, si tuviera ojos, si los tuviera… o me comería las uñas o me convertiría en sal para escocerme en las heridas.  Gritaría fuerte, muy fuerte, con un grito desgarrador; entornaría los ojos hasta no ver nada, no hay nada que merezca la pena verse o caminar.

Supondré que el olvido es un anhelo, y que como siempre, digo mucho y en verdad no hay nada.  Me vestiré de luto y haré algún ritual de antropofagia para comerme a mí misma, lentamente en cada página.

Mientras desaparece con ese relato mi costilla y con ese otro mi útero o el vientre un amigo entonará alguna melodía que resuma que mi bruja en el espejo está cansada, que mi espejo está hecho polvo, que el licor que bebía cada mañana es arsénico que envenena las mieles y que mi pluma, -si alguna vez estuvo- ahora ya no existe, y que esta ciudad, de lunes siempre gris, lluviosa y triste, fue solamente un hechizo.

Andrea Torres Armas

Un comentario en “cuentos de humo

  1. Me siento identificado con su relato.Yo tambien sufro esta enfermedad y se lo que se padece hasta que te la duermen a base de medicaciones que nunca acaban .La comprendo en todo , pero no hay que pararse o dormirse.La vida es bella.Recuerdelo hay que seguir adelante..
    Aprobecho la ocasion para enviarla mi mas coordial saludo.

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